“Si solo puedes ser vulnerable con una pareja, vas a estar desesperado por tenerla”

Durante siglos, la cultura occidental ha construido el amor como una búsqueda de completud, una idea que se remonta al célebre mito narrado por Aristófanes en El banquete de Platón, donde los seres humanos eran originalmente dobles y fueron partidos en dos por Zeus. Desde entonces —dice el relato— pasamos la vida buscando a nuestra “otra mitad”.

Pero ¿y si esa idea del amor romántico como salvación fuera parte del problema?

Esa es una de las preguntas que plantea Luciana Beccassino (Bogotá, 1998), escritora y divulgadora filosófica, quien propone repensar nuestras formas de amar desde el estoicismo, una corriente filosófica grecorromana nacida en el siglo III a.C. Sus reflexiones quedaron plasmadas en su primer libro “Si nos enseñaran a amar. Lecciones estoicas de amor (y desamor)”, que surgió tras una ruptura sentimental y el éxito de sus contenidos en redes sociales.

BBC Mundo conversó con Beccassino en el marco del Hay Festival de Cartagena, que se celebra entre el 29 de enero y el 1 de febrero, donde la autora defendió una visión del amor más consciente, menos idealizada y profundamente humana.

El amor no como fusión, sino como reconocimiento

Para Beccassino, el amor no consiste en encontrar a alguien que nos complete, sino en reconocer al otro como una persona entera.
“Para mí, la definición más básica del amor es cuando entendemos que no estamos solos en el mundo, que hay otros con un mundo interior tan rico como el tuyo”, explica.

Esta mirada se distancia de la narrativa romántica tradicional, que ha presentado el amor como una conquista, una lucha o un caos inevitable. Según la autora, esa forma de entender los vínculos ha sido heredada culturalmente y se ha reproducido de generación en generación, no por mala intención, sino por falta de herramientas emocionales.

“No nos enseñan cómo amar porque a nuestras familias tampoco les enseñaron”, señala, describiendo un efecto dominó que termina generando relaciones marcadas por el sufrimiento.

El amor como emoción intensa… y agotadora

Beccassino reconoce que la idea de un amor que “nos sobrecoge” resulta mucho más atractiva que pensar en el amor como algo que se construye con paciencia.
“El amor de película no siempre es tan amable”, advierte. A menudo romantiza dinámicas donde la intensidad, los celos o el dolor se confunden con pruebas de amor, dando lugar a vínculos agotadores y poco sostenibles.

Estas dinámicas, aunque destructivas, encajan bien en una cultura que privilegia lo inmediato y lo placentero. Frente a eso, la autora propone alternativas filosóficas que requieren esfuerzo —como la reflexión o la meditación— pero que, a largo plazo, aportan mayor bienestar.

Amor, poder y género

En la entrevista, Beccassino también aborda cómo el amor ha sido atravesado por dinámicas de poder. La lógica de buscar una “persona de alto valor”, dice, convierte las relaciones en una competencia permanente, donde nadie se siente realmente seguro.

Además, retoma las ideas de pensadoras como bell hooks y Carol Gilligan para señalar que la sociedad ha castigado la emocionalidad masculina, asociándola con debilidad, mientras que a las mujeres se les ha penalizado por tener una voz firme.
“Así es muy difícil construir relaciones sanas, porque requieren conectar con lo que sientes, escuchar y estar dispuesto a dar y pedir compasión”, explica.

El estoicismo, más allá de la frialdad emocional

Uno de los ejes centrales de su libro es rescatar el verdadero sentido del estoicismo, una filosofía que ha sido distorsionada por ciertos discursos de “hipermasculinidad” que promueven la idea de que no sentir emociones es una virtud.

“Los estoicos no hablaban de ser fríos, sino de templanza”, aclara Beccassino. Sentir es natural; lo importante es no dejar que las emociones gobiernen nuestras acciones.
Además, recuerda que los estoicos eran profundamente políticos, preocupados por la justicia, el cuidado del otro y del entorno, aspectos que suelen omitirse en interpretaciones simplistas.

Afrontar el desamor con serenidad

Ante una ruptura, Beccassino considera que el estoicismo invita a pausar y permitirnos sentir el dolor, sin huir de él. Desde ese lugar, podemos elegir cómo actuar y qué pensamientos alimentar.

“No puedes controlar si te fueron infiel o te dejaron, pero sí cómo te aproximas a eso y qué tipo de persona decides ser”, afirma. El objetivo final no es evitar el sufrimiento, sino recuperar la paz interior para vivir una vida coherente con nuestros valores.

La amistad y el fin de la exclusividad emocional

Uno de los mensajes más potentes de Beccassino es su defensa de la amistad como un vínculo tan valioso como el amor romántico. En un contexto donde la generación Z se empareja menos y cuestiona los modelos tradicionales de vida, la autora ve una oportunidad para ampliar nuestra idea del amor.

“Si solo puedes ser vulnerable con una pareja, vas a estar desesperado por tenerla”, advierte.
En cambio, cuando existen vínculos profundos más allá de la relación romántica, la presión disminuye y la pareja se elige con mayor libertad y conciencia.

¿Aprender a amar desde la escuela?

Si el amor se enseñara en las escuelas, Beccassino propondría trabajar la comprensión emocional, la empatía y una ética del cuidado, sin adoctrinamientos. Una versión moderna de la ataraxia estoica, ese estado de serenidad que permite relacionarnos mejor con los demás y con nosotros mismos.

“Muchos hoy lo estamos aprendiendo en terapia”, concluye. “Pero sería maravilloso que lo aprendiéramos desde pequeños”.

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