El condado de EE. UU. donde el sarampión empieza a sentirse como una nueva pandemia

Lo que durante años fue considerado un recuerdo del pasado médico hoy vuelve a inquietar a las autoridades sanitarias de Estados Unidos. En el condado de Spartanburg, en Carolina del Sur, el sarampión se propaga con tal rapidez que algunos residentes y expertos comparan la situación con los primeros meses de la pandemia de covid-19.

El pediatra Stuart Simko, quien ejerce desde hace décadas, asegura que hasta el año pasado solo había visto el sarampión en libros de historia clínica. Sin embargo, en apenas dos meses ha tratado seis casos confirmados, todos con fiebre alta difícil de controlar y la característica erupción roja.

“Es una enfermedad terrible y potencialmente mortal. No es para asustar, pero la gente debe conocer los riesgos. Es muy duro ver a un niño gravemente enfermo por algo prevenible”, afirmó el médico, que trabaja para Prisma Health.

El mayor brote desde el año 2000

Los pacientes de Simko hacen parte de los 847 casos registrados en Carolina del Sur en los últimos meses, en su mayoría niños no vacunados. Se trata del brote más grande desde que Estados Unidos declaró erradicado el sarampión en el año 2000.

Con focos activos en varios estados, el país se encuentra ahora al borde de perder ese estatus, como ya ocurrió en el Reino Unido y Canadá. El antecedente más alarmante ocurrió el año pasado en Texas, donde dos niños en edad escolar murieron durante un brote similar.

Expertos en salud pública advierten que brotes como este podrían convertirse en una nueva normalidad en comunidades con tasas de vacunación en descenso.

Spartanburg, el epicentro

El brote se concentra en Spartanburg, un condado de unos 370.000 habitantes formado por antiguas zonas industriales. Allí, la tasa promedio de vacunación escolar ronda el 90%, pero algunas escuelas presentan cifras dramáticamente más bajas debido a exenciones religiosas, incluso del 20%.

Para Kate Martin, madre de dos niños vacunados, la situación recuerda a la pandemia:
“Cada día aparece un nuevo caso en otra escuela. Decenas de estudiantes no vacunados tuvieron que hacer cuarentena durante 21 días”.

A diferencia de otros brotes, como el de Texas, en Spartanburg la respuesta pública ha sido discreta. No hay campañas visibles ni alertas masivas. “La situación es realmente grave, pero la gente no cree que sea gran cosa”, lamenta Martin.

Vacunas, desinformación y presión política

Estados Unidos recomienda dos dosis de la vacuna triple vírica (MMR) entre el primer año de vida y los seis años, con una eficacia del 97%. Para lograr inmunidad de grupo se necesita al menos el 95% de la población vacunada.

Sin embargo, el brote ha reavivado teorías conspirativas y tensiones políticas. El senador estatal republicano Josh Kimbrell, crítico de las políticas de vacunación obligatoria durante la covid-19, evitó pronunciarse durante semanas, hasta que una maestra vacunada terminó en cuidados intensivos tras contagiarse.

“Estuvimos muy cerca de la primera muerte. Es injusto para quienes sí se vacunaron y ahora enfrentan una amenaza grave”, dijo Kimbrell, quien ahora apoya medidas de salud pública más estrictas, incluyendo restricciones a personas no vacunadas.

Comunidades vulnerables y miedo a la vacuna

Funcionarios locales señalan que el brote ha afectado de manera desproporcionada a comunidades inmigrantes rusas y ucranianas, muchas de ellas con objeciones religiosas o desconfianza hacia las vacunas.

Algunos padres expresan mayor temor a los supuestos efectos secundarios que a la enfermedad misma. “Nos preocupa más el contenido de la vacuna”, afirmó Inna, madre ucraniana que decidió no vacunar a sus hijos pese a conocer varios casos cercanos.

Especialistas como la inmunóloga Jennifer Grier advierten que ese cálculo ya no es válido:
“Antes el sarampión era un riesgo bajo. Hoy, claramente, ya no lo es”.

Consecuencias a largo plazo

Aunque algunos casos parecen leves, el sarampión puede causar encefalitis, amnesia inmunitaria y dejar al organismo vulnerable a futuras infecciones durante años.

“Sabemos exactamente qué pasa cuando baja la vacunación: la enfermedad se propaga, hospitaliza y mata”, explicó Chris Lombardozzi, director médico de cuidados intensivos en Spartanburg.

Silencio federal y advertencia final

Pese a la magnitud del brote, el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., conocido por su escepticismo frente a las vacunas, ha guardado silencio sobre la situación en Carolina del Sur. Aunque el Departamento de Salud reiteró que la vacunación es la forma más eficaz de prevención, algunos funcionarios han minimizado la posible pérdida del estatus de erradicación.

Para los expertos, el panorama es claro.
“Sería un fracaso de la salud pública”, concluyó Grier. “Tenemos las herramientas, conocemos los riesgos y aun así el sarampión ha regresado”.

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