Por primera vez en la historia, las energías renovables superaron al carbón como principal fuente de generación eléctrica a nivel mundial durante el primer semestre de 2025, según datos del centro de estudios energéticos Ember. El crecimiento de fuentes como la energía solar y eólica fue tan significativo que logró cubrir el 100 % de la nueva demanda global de electricidad, incluso permitiendo una ligera reducción en el uso del carbón y el gas natural.
Aunque se trata de un avance histórico, los expertos advierten que el panorama es desigual. China, país en desarrollo, lidera ampliamente la transición hacia energías limpias, mientras que Estados Unidos y varias naciones de la Unión Europea aumentaron su dependencia de los combustibles fósiles, debido a un crecimiento de la demanda más rápido que la producción de energía limpia y a condiciones climáticas que afectaron el rendimiento de fuentes como la hidroeléctrica y la eólica.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé que esta brecha entre países ricos y en desarrollo se ampliará. En el caso de Estados Unidos, la AIE redujo a la mitad su proyección de crecimiento en energías renovables para esta década, pasando de 500 a 250 gigavatios (GW) de capacidad instalada hacia 2030.
China, aunque continúa ampliando su infraestructura de generación a carbón, logró satisfacer su demanda adicional de electricidad con energía solar y eólica. La generación a partir de combustibles fósiles se redujo en un 2 %, gracias a que el país añadió más capacidad renovable que el resto del mundo combinado. Además, su dominio en el sector de tecnologías limpias quedó reflejado en cifras récord de exportaciones: en agosto de 2025, exportó US$20.000 millones en productos como vehículos eléctricos y baterías, superando incluso el valor de sus exportaciones de paneles solares.
India también registró avances importantes. A pesar de un crecimiento más moderado en su demanda eléctrica, el país añadió una capacidad significativa en energía solar y eólica, lo que le permitió reducir el uso de carbón y gas.
En África, el crecimiento del sector solar ha sido notable. Sudáfrica lideró en capacidad instalada, mientras que Nigeria superó a Egipto, alcanzando 1,7 GW, suficientes para abastecer a cerca de 1,8 millones de hogares. Argelia, Zambia y Botsuana también presentaron crecimientos sobresalientes en importación de paneles solares, multiplicando sus cifras hasta por 33 en un año.
La energía solar fue responsable del 83 % del incremento de la demanda eléctrica mundial en el primer semestre del año y se ha consolidado como la principal fuente de nueva electricidad durante tres años consecutivos. Esta expansión ha sido impulsada por la drástica reducción de costos: desde 1975, los precios de la tecnología solar han caído un 99,9 %, facilitando su adopción en países de bajos ingresos, donde los sistemas eléctricos tradicionales son más costosos o inestables. Un ejemplo es Pakistán, que en 2024 importó paneles capaces de generar 17 GW, el doble que el año anterior.
No obstante, el crecimiento acelerado también presenta desafíos. En Afganistán, el uso masivo de bombas de agua alimentadas por energía solar está reduciendo los niveles de aguas subterráneas, lo que podría provocar escasez en los próximos cinco a diez años, afectando el sustento de millones de personas.
El avance de las energías limpias también depende de la ubicación geográfica. Mientras que los países del «cinturón solar», en Asia, África y América Latina, tienen condiciones ideales para aprovechar la energía solar durante el día y reducir costos rápidamente, los países del «cinturón eólico», como los del norte de Europa y el Cono Sur de América, enfrentan mayores dificultades. Los costos de instalación de turbinas eólicas no han caído al mismo ritmo que los paneles solares, y las pausas prolongadas del viento requieren fuentes de respaldo que encarecen los sistemas.
A pesar de los desafíos, los analistas coinciden en que el mundo atraviesa un punto de inflexión en la transición energética. El crecimiento sostenido de las energías renovables, especialmente en economías emergentes, marca el inicio de un cambio estructural en el modelo global de generación eléctrica.
