La “violencia silenciosa” que se convirtió en el talón de Aquiles de la seguridad en Bogotá
Bogotá cerró 2025 con un balance de seguridad que, a primera vista, podría interpretarse como positivo: los homicidios disminuyeron frente al año anterior. Sin embargo, un análisis más profundo revela una realidad más compleja y preocupante. La violencia no desapareció; se transformó y se trasladó al ámbito privado, donde crece de manera sostenida y silenciosa, lejos del espacio público y con altos niveles de subregistro.
Así lo advierte el más reciente informe de Bogotá Cómo Vamos, que cruza estadísticas oficiales de la Policía Nacional con mediciones de percepción ciudadana, y concluye que el principal desafío de la seguridad en la capital ya no es solo la criminalidad letal, sino la violencia cotidiana y la pérdida de confianza en las instituciones.
Menos homicidios, pero cifras aún altas
Según el informe, durante 2025 se registraron 1.173 homicidios en Bogotá, lo que representa una reducción del 3,4 % frente a 2024. Aunque la caída es relevante, la cifra sigue siendo la segunda más alta del periodo 2019–2025 y se encuentra lejos del objetivo trazado en el Plan Distrital de Desarrollo.
La tasa de homicidios se ubicó en 14,8 por cada 100.000 habitantes, cuando la meta proyectada era de 12,8, lo que evidencia que la ciudad aún no logra consolidar una reducción sostenida de la violencia letal.
La disminución estuvo asociada, principalmente, a:
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La caída del homicidio intencional, que pasó de 115 a 96 casos.
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La reducción de homicidios contra mujeres, que bajaron de 116 a 109.
No obstante, el informe subraya un dato estructural: cuatro de cada diez homicidios estuvieron relacionados con riñas o hechos de intolerancia, lo que confirma que los conflictos cotidianos siguen siendo un detonante central de la violencia extrema en la ciudad.
La violencia se desplaza al ámbito privado
El punto más crítico del informe aparece en la violencia no letal. Mientras los homicidios disminuyen, la violencia intrafamiliar alcanza cifras históricas.
En 2025 se reportaron 48.816 casos de violencia intrafamiliar, un aumento del 10 % frente a 2024 y el nivel más alto desde 2019. Este fenómeno se consolida como una de las principales expresiones de la llamada “violencia silenciosa”, aquella que ocurre dentro de los hogares y entornos cercanos, lejos del control social y con enormes barreras para la denuncia.
Los delitos sexuales, aunque registraron una disminución del 8 %, siguen en niveles críticos, con 8.861 casos reportados, el segundo registro más alto de la serie histórica analizada. En ambos delitos, las mujeres concentran más del 70 % de las víctimas, lo que refuerza la dimensión de género del problema.
Denuncia estancada y desconfianza institucional
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es el estancamiento en los niveles de denuncia. Solo el 42 % de las víctimas afirmó haber denunciado los hechos, una proporción que no muestra avances frente a 2024.
Aunque disminuyó la percepción de que “denunciar no sirve”, aumentó el número de personas que aseguran haber denunciado sin obtener resultados, lo que profundiza la desconfianza en las instituciones encargadas de garantizar justicia y protección.
Este escenario, advierte Bogotá Cómo Vamos, sugiere que la ciudad enfrenta no solo un problema de seguridad, sino también un déficit de legitimidad institucional.
El verdadero desafío de la seguridad urbana
El balance final es contundente: Bogotá logra contener parcialmente la violencia letal, pero no consigue frenar la expansión de la violencia cotidiana ni recuperar plenamente la confianza ciudadana.
En la capital hay menos homicidios, pero más violencia silenciosa, más victimización en el ámbito privado y una sensación persistente de que el Estado no responde con eficacia. De acuerdo con el análisis de Bogotá Cómo Vamos, ese contraste define hoy el principal reto de la seguridad urbana en Bogotá: atender la violencia que no siempre mata, pero que erosiona la convivencia, la salud mental y la cohesión social.
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