Violencia amenaza turismo en Tayrona y Sierra Nevada
Lo que para miles de visitantes es un paraíso natural, para comunidades locales se ha convertido en un territorio marcado por el miedo. Un reportaje de la agencia AFP revela cómo grupos armados ilegales ejercen control en la Sierra Nevada de Santa Marta y el Parque Nacional Natural Tayrona, afectando tanto a pueblos indígenas como a comerciantes y trabajadores del turismo.
Detrás de las playas de aguas cristalinas y la exuberante biodiversidad, se esconde una compleja realidad de violencia, extorsión y control territorial que pone en riesgo la estabilidad de una de las zonas más emblemáticas del Caribe colombiano.
Control armado en territorio ancestral
Según el informe, la presencia de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) ha generado un ambiente de zozobra permanente. Este grupo, de origen paramilitar, mantiene el control de rutas estratégicas para el narcotráfico y ejerce presión sobre comunidades indígenas y actores económicos de la región.
El gobernador kogui Atanasio Moscote expresó su preocupación por el impacto de esta situación en su territorio ancestral, considerado por estos pueblos como “el corazón del mundo”. “Tenemos miedo, zozobra por el porvenir”, afirmó.

La presencia de hombres armados en zonas de alta montaña y cerca de áreas turísticas ha alterado el equilibrio cultural y ambiental, según líderes indígenas.
Turismo bajo presión
A pesar del flujo constante de visitantes, muchos turistas desconocen la situación que se vive en la región. Mientras disfrutan del paisaje, grupos armados vigilan discretamente, controlan negocios y cobran extorsiones.
El Gobierno de Gustavo Petro tomó medidas temporales al cerrar el Parque Nacional Natural Tayrona durante varias semanas entre febrero y marzo, argumentando riesgos de seguridad, bloqueos y amenazas a guardaparques.
Funcionarios encargados de la protección ambiental también han sido intimidados. Yeiner Hernández, guardaparques, relató que su labor de conservación entra en conflicto directo con intereses ilegales como la tala y el narcotráfico.
Disputa criminal y deterioro de la seguridad
La situación se ha agravado con la incursión del Clan del Golfo, que busca disputar el control de la zona a las ACSN. Este enfrentamiento ha generado combates cercanos a territorios indígenas, aumentando el riesgo para la población civil.
Históricamente, la región ha sido escenario de conflicto armado, incluyendo la presencia de la extinta guerrilla de las FARC. Sin embargo, líderes locales aseguran que la violencia actual ha alcanzado niveles alarmantes.
El líder arhuaco Luis Salcedo advirtió que las comunidades más vulnerables son aquellas con escaso contacto con el mundo exterior, muchas de las cuales no hablan español y dependen completamente de sus tradiciones y cultivos.
Economía ilegal y control del turismo
De acuerdo con expertos, los grupos armados no solo controlan rutas del narcotráfico, sino también actividades económicas relacionadas con el turismo. Esto incluye cobros ilegales a comerciantes, control de precios e incluso intervención en servicios básicos.
La investigadora Norma Vera señala que estas organizaciones ejercen una “gobernanza armada”, donde imponen reglas y controlan aspectos cotidianos de la vida local, desde la venta de alimentos hasta el acceso a ciertas zonas.

Además, se ha denunciado la explotación ilegal de oro en la región, actividad que contamina fuentes hídricas con mercurio y agrava el impacto ambiental.
Impacto en la imagen del destino
La Santa Marta y sus alrededores dependen en gran medida del turismo. En 2025, más de 873.000 visitantes llegaron a estas áreas protegidas, atraídos por su biodiversidad y riqueza cultural.
Sin embargo, la persistencia de la violencia amenaza con deteriorar la reputación internacional del destino. Representantes del sector turístico advierten que la inseguridad puede disuadir a los viajeros y afectar la economía local.
Un desafío para la “paz total”
El gobierno incluyó a las ACSN dentro de su política de “paz total”, con el objetivo de negociar su desarme. No obstante, los avances han sido limitados y la violencia ha continuado, especialmente ante el fin del mandato presidencial.
El caso de la Sierra Nevada de Santa Marta refleja los desafíos estructurales del país en materia de seguridad: territorios estratégicos donde el Estado tiene presencia limitada y donde actores ilegales imponen su autoridad.
Entre el paraíso y el miedo
La dualidad de este territorio es evidente: un destino natural de clase mundial que convive con dinámicas de violencia y control ilegal. Mientras los turistas disfrutan de playas paradisíacas, comunidades enteras viven bajo amenaza constante.
El informe deja en evidencia la necesidad de una intervención integral que combine सुरक्षा, desarrollo social y protección ambiental, para garantizar que este “paraíso” deje de estar bajo el terror y pueda ser disfrutado en condiciones de seguridad tanto por visitantes como por quienes lo habitan.
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