Briceño bajo fuego: ataques con drones y desplazamientos agravan crisis humanitaria
El municipio de Briceño atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. En medio de enfrentamientos entre grupos armados ilegales, ataques con drones cargados de explosivos y amenazas contra autoridades locales, la población vive una grave crisis humanitaria que ha obligado al desplazamiento de decenas de familias.
La situación se intensificó tras la circulación de un audio amenazante atribuido a integrantes de las disidencias de las Farc. En la grabación, los delincuentes instaban a las comunidades rurales a desplazarse hacia el casco urbano y exigir la presencia del Ejército, en lo que autoridades consideran una estrategia para manipular el conflicto armado en la zona.
Las veredas más afectadas han sido Travesías, Pueblo Nuevo, El Robledal y El Orejón, esta última recordada por haber sido escenario de un histórico proceso de desminado humanitario tras el acuerdo de paz con la antigua guerrilla de las Farc. Hoy, ese mismo territorio vuelve a ser epicentro de la violencia.
De acuerdo con información oficial, los enfrentamientos entre las disidencias del frente 36 de las Farc y el Clan del Golfo derivaron en ataques con drones explosivos. Uno de estos artefactos causó la muerte de un presunto integrante de las disidencias, mientras que al menos 86 familias —equivalentes a 163 personas— se vieron obligadas a abandonar sus hogares.
La violencia no se detuvo ahí. En un nuevo ataque registrado en el corregimiento Las Auras, un dron cargado con explosivos impactó la Institución Educativa Las Cruces, causando daños materiales en sus instalaciones. La explosión también afectó la fachada de una iglesia cercana, aumentando el temor entre los habitantes.
Aunque no se reportaron heridos en este último hecho, el impacto psicológico y social es profundo. Las clases presenciales fueron suspendidas en varios centros educativos, incluyendo la Institución Educativa Antonio Roldán Betancur y el Centro Educativo Rural Morrón, como medida preventiva ante el riesgo de nuevos ataques.

El alcalde del municipio, Noé Espinosa, ha optado por mantener un bajo perfil tras denunciar amenazas en su contra por parte de estructuras ilegales. La situación institucional también se ha visto afectada con la reciente renuncia del personero municipal, en medio de rumores que apuntan a presiones derivadas de la violencia.
Desde la Gobernación de Antioquia se llevó a cabo un consejo extraordinario de seguridad para analizar la crisis. En este espacio se discutió incluso la continuidad de las disidencias del frente 36 —bajo el mando de alias Calarcá— en los diálogos con el Gobierno nacional, en medio de cuestionamientos por su accionar violento.
Las autoridades confirmaron la autenticidad del audio que circuló entre la población, lo que refuerza la hipótesis de una estrategia deliberada para generar desplazamientos y alterar el equilibrio de fuerzas en el territorio.
Como respuesta, se anunció el envío de un contingente del Ejército con operaciones móviles para evitar quedar en medio del fuego cruzado. Asimismo, se reforzó la presencia policial y se implementaron medidas restrictivas como toque de queda, ley seca y cierre anticipado de establecimientos nocturnos.
El secretario de Seguridad de Antioquia señaló que uno de los principales responsables de la violencia en la zona es alias Primo Gay, cabecilla de las disidencias, por quien el Ministerio de Defensa ofrece una recompensa que asciende a 640 millones de pesos. Según el funcionario, este individuo estaría detrás de homicidios, desplazamientos y confinamientos de la población civil.
Por su parte, la Cuarta Brigada del Ejército reportó el hallazgo de al menos 16 artefactos explosivos en los últimos días, además de tres soldados heridos en ataques recientes con drones. Estos hechos evidencian el alto nivel de sofisticación y riesgo que enfrentan tanto las fuerzas militares como la población civil.
La crisis en Briceño no es nueva, pero sí cada vez más grave. Desde el año pasado, miles de campesinos han sido desplazados por enfrentamientos entre grupos armados, lo que refleja una persistente disputa por el control territorial y las economías ilegales.
Hoy, Briceño vuelve a ser símbolo de la compleja realidad del conflicto armado en Colombia, donde las comunidades rurales siguen siendo las principales víctimas. Mientras las autoridades intentan contener la situación, la población clama por seguridad, presencia estatal efectiva y soluciones duraderas que les permitan vivir en paz.
La emergencia continúa en desarrollo.
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