Trump impulsa Junta de Paz que desafía a la ONU

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el tablero geopolítico mundial con la presentación de su ambiciosa Junta de Paz, una nueva instancia internacional que, según sus promotores, busca poner fin a los conflictos armados más prolongados del planeta, pero que para sus críticos representa un intento directo de debilitar o incluso reemplazar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El anuncio se realizó esta semana durante el Foro Económico Mundial de Davos, donde Trump prometió que esta iniciativa permitirá “poner fin a décadas de sufrimiento, detener generaciones de odio y derramamiento de sangre, y forjar una paz hermosa, duradera y gloriosa para Medio Oriente y para el mundo entero”.

La declaración despertó reacciones inmediatas y contrapuestas en capitales de todo el mundo. Mientras algunos líderes celebraron la iniciativa como una alternativa ante el estancamiento de los mecanismos multilaterales tradicionales, otros expresaron profunda preocupación por lo que consideran un proyecto personalista que concentra el poder en una sola figura.

¿Qué es la Junta de Paz de Trump?

La Junta de Paz surge de los esfuerzos liderados por Estados Unidos para poner fin a la guerra en Gaza, respaldados inicialmente por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, los detalles filtrados del borrador de su carta constitutiva revelan una ambición mucho mayor: convertirla en un organismo global con facultades amplias y permanentes.

Según ese documento, Trump sería presidente vitalicio de la Junta, incluso después de dejar la Casa Blanca. Tendría la potestad de invitar o excluir Estados miembros, crear o disolver órganos subsidiarios y designar a su propio sucesor. Además, cualquier país que aspire a convertirse en miembro permanente debería pagar US$1.000 millones, una cifra que ha generado fuertes cuestionamientos.

Para muchos analistas, esta estructura rompe con los principios de representación, equilibrio y legalidad que caracterizan —al menos en el papel— al sistema multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

Apoyos, rechazos y cautela internacional

En Davos, 19 países participaron en la inauguración de la Junta, provenientes de distintas regiones del mundo, desde América Latina hasta Asia Central y Medio Oriente. Trump celebró el respaldo afirmando: “En este grupo, me caen bien todos y cada uno de ellos”.

Sin embargo, varios Estados optaron por mantenerse al margen. Suecia anunció que no se unirá “tal como está redactado el texto”, mientras Noruega pidió más diálogo con Washington. El Reino Unido expresó inquietud ante la posible participación de Rusia, y un grupo de países árabes subrayó que cualquier iniciativa de paz debe incluir una solución justa para Gaza, un tema que no aparece explícitamente en los estatutos filtrados.

Las reacciones en Europa fueron especialmente contrastantes. El primer ministro polaco, Donald Tusk, advirtió que no permitirán “que nadie juegue con nosotros”, mientras que el húngaro Viktor Orbán, aliado de Trump, aseguró que “si gana Trump, habrá paz”.

¿Una ONU paralela?

La gran pregunta que flota en el ambiente es si esta Junta de Paz busca convertirse en una alternativa directa a la ONU. El propio Trump alimentó la controversia al afirmar que, una vez consolidada, la Junta podrá actuar “en conjunto con Naciones Unidas”, aunque un día antes había dicho que “podría reemplazarla”, criticando su ineficacia para resolver guerras.

La ONU, con sus 193 Estados miembros, lleva años enfrentando un debilitamiento de su rol central en la resolución de conflictos, principalmente por el bloqueo del Consejo de Seguridad y la rivalidad entre grandes potencias. Para algunos expertos, la propuesta de Trump capitaliza ese desgaste.

“Este esfuerzo refleja el fracaso del Consejo de Seguridad y de la ONU en general”, señaló Martin Griffiths, exsubsecretario general del organismo. No obstante, advirtió que la paz duradera requiere inclusión y representación global, no solo alianzas entre países afines a Washington.

Gaza, Ucrania y los límites del proyecto

La Junta nace con un fuerte énfasis en Gaza, donde Trump jugó un papel clave para lograr un alto al fuego temporal en octubre pasado. Sin embargo, su primera gran prueba será avanzar hacia una solución permanente, en un escenario donde conviven líderes con visiones irreconciliables, como el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y representantes árabes que exigen un Estado palestino.

Otro desafío mayúsculo es la guerra en Ucrania, donde el presidente Volodymyr Zelensky se ha negado a negociar directamente con Rusia. La promesa de Trump de resolver ese conflicto “muy pronto” revive el escepticismo sobre la viabilidad real de la Junta.

¿Reforma necesaria o riesgo global?

Para algunos observadores, el mayor impacto de la iniciativa podría ser indirecto: reabrir el debate sobre la urgente reforma del sistema internacional, incluido un Consejo de Seguridad que ya no refleja el equilibrio de poder global.

“Quizás una consecuencia positiva no intencionada es que estos temas vuelvan al centro de la agenda internacional”, reflexionó Mark Malloch Brown, exvicesecretario general de la ONU.

Mientras tanto, Trump parece disfrutar su nuevo rol como aspirante a principal arquitecto de la paz mundial. “Esto es para el mundo”, proclamó. Sin embargo, el tiempo dirá si su Junta de Paz se convierte en un instrumento efectivo para reducir conflictos o en un símbolo más de la fragmentación del orden internacional.

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