Redes criminales se infiltran en el norte de Bogotá: extorsión, capturas y narcolavado

El norte de Bogotá, tradicionalmente asociado a zonas residenciales y comerciales de alto perfil, enfrenta una transformación silenciosa en su panorama de seguridad. Investigaciones recientes y testimonios ciudadanos advierten sobre la presunta presencia de redes criminales transnacionales que han sofisticado sus operaciones para consolidar control territorial sin recurrir necesariamente a la violencia visible.

Sectores como Suba y Usaquén aparecen en el centro de este fenómeno, donde confluirían estructuras asociadas al Tren de Aragua y al Cártel Jalisco Nueva Generación, entre otros actores ilegales.

Un nuevo modelo criminal: menos violencia, más control

De acuerdo con reportes conocidos, estas organizaciones han evolucionado hacia esquemas más discretos, delegando funciones a bandas locales para reducir su exposición. Este modelo les permite mantener el flujo de recursos ilícitos mediante actividades como extorsión, microtráfico y lavado de activos, sin generar altos niveles de confrontación armada que atraigan la atención de las autoridades.

En barrios cercanos a la Autopista Norte, como Toberín y Cedritos, comerciantes han reportado el incremento de operativos policiales enfocados en prevenir delitos como el “paseo millonario” y la extorsión. Sin embargo, también señalan que las amenazas persisten bajo modalidades más sofisticadas.

El caso “Peppe” y la conexión internacional

Uno de los episodios más relevantes ocurrió en 2025 con la captura de Giuseppe Palermo, alias “Peppe”, señalado como enlace de la mafia italiana ‘Ndrangheta en América Latina. Su detención en un exclusivo sector de Suba evidenció la dimensión internacional del fenómeno.

Según las investigaciones, Palermo utilizaba negocios aparentemente legales, como la comercialización de café, para encubrir envíos de cocaína hacia Europa. La operación, coordinada con Europol, incluyó múltiples capturas simultáneas y dejó al descubierto redes de tráfico transatlántico.

Extorsión y lavado en zonas comerciales

Las autoridades han identificado que en Usaquén algunos establecimientos nocturnos y bares estarían siendo utilizados como fachadas para la distribución de drogas sintéticas y el lavado de dinero.

En paralelo, estructuras como la suborganización “AK7”, vinculada al Tren de Aragua, fueron desarticuladas tras comprobarse su participación en extorsiones a comerciantes. Este tipo de operaciones muestra cómo las redes criminales combinan presión directa con mecanismos financieros complejos.

La tercerización del delito en Suba

En Suba, el control del microtráfico habría sido delegado a bandas locales, lo que dificulta rastrear la participación directa de organizaciones internacionales. Este esquema reduce el riesgo para los cabecillas, pero fortalece su capacidad de operación.

Además, permite una expansión más rápida, al aprovechar estructuras ya existentes en los territorios.

Presencia indirecta del CJNG

En el caso del Cártel Jalisco Nueva Generación, su presencia en Bogotá no se manifestaría mediante despliegues armados visibles, sino a través de redes financieras y logísticas.

Reportes indican que operarían mediante enlaces encargados de administrar activos y coordinar rutas de distribución, especialmente hacia el Caribe. Tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en 2026, estas estructuras habrían experimentado ajustes estratégicos en Colombia.

Operativos como “Nexus II” permitieron capturas clave que evidencian la articulación entre redes internacionales y grupos locales como el Clan del Golfo.

Nuevas “franquicias” criminales

Uno de los elementos más preocupantes es la aparición de grupos que utilizan marcas criminales reconocidas para generar temor. Tal es el caso de “Mexicanos Nueva Generación”, cuya autenticidad aún está en investigación.

Estas organizaciones replican tácticas de intimidación y buscan consolidar control territorial aprovechando el peso del nombre, incluso sin una conexión directa comprobada con estructuras internacionales.

La respuesta de las autoridades

Desde la Policía Metropolitana de Bogotá se ha señalado que, aunque la ciudad es un punto de tránsito para criminales internacionales debido a su conectividad aérea, no existen pruebas concluyentes de enfrentamientos directos entre estas organizaciones en zonas específicas como Toberín.

No obstante, reconocen que Bogotá puede ser utilizada como plataforma logística para coordinar actividades ilícitas en otras regiones del país.

Un fenómeno en evolución

Informes de la Defensoría del Pueblo advierten que el crecimiento de estas redes se debe, en gran medida, a su capacidad de adaptación. La subcontratación de actividades criminales y el uso de fachadas legales les permite operar con mayor discreción.

Al cierre de mayo de 2026, el panorama en el norte de Bogotá muestra un entramado delictivo más complejo, donde la violencia abierta ha sido parcialmente reemplazada por mecanismos de control económico y social.

Entre la percepción y la evidencia

Aunque las autoridades llaman a la prudencia frente a algunas versiones, comerciantes y residentes insisten en que las extorsiones y presiones continúan. Muchos prefieren guardar silencio por temor a represalias.

Esta brecha entre la percepción ciudadana y la información oficial plantea un desafío adicional: entender un fenómeno que evoluciona rápidamente y que requiere respuestas coordinadas tanto a nivel local como internacional.

El norte de Bogotá, históricamente considerado un refugio de estabilidad, enfrenta ahora un reto creciente: contener la infiltración de redes criminales que operan en las sombras, pero con un impacto cada vez más visible en la vida cotidiana.

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