¿Por qué las mujeres dan a luz acostadas si no es la mejor posición?
Aunque hoy en día es común ver a mujeres dando a luz acostadas sobre la espalda en hospitales, esta no es la posición más natural ni la más eficiente desde el punto de vista fisiológico. De hecho, durante miles de años, el parto se realizó en posiciones verticales como cuclillas, de rodillas o apoyadas, aprovechando la gravedad.
Entonces, ¿por qué cambió esta práctica?
Un cambio impulsado por la medicina moderna
La razón principal se remonta a la evolución de la Obstetricia en Europa entre los siglos XVII y XVIII.
Uno de los principales impulsores de este cambio fue François Mauriceau, quien promovió el parto en cama. En su visión, esta posición era más cómoda para la mujer y facilitaba el trabajo del médico.
Sin embargo, también reflejaba un cambio más profundo: el paso del parto como proceso natural atendido por parteras a un procedimiento médico controlado por profesionales, en su mayoría hombres.
Mauriceau incluso consideraba el embarazo como una enfermedad, lo que reforzó la idea de que debía ser tratado en un entorno clínico.
Influencia del poder y la cultura
Otra teoría apunta al rey Luis XIV, quien, según algunos historiadores, prefería observar los partos. La posición vertical dificultaba la visibilidad, por lo que se habría promovido la postura reclinada.

Aunque no hay consenso absoluto sobre este hecho, sí refleja cómo factores culturales y de poder pudieron influir en prácticas médicas.
La comodidad del médico, no de la madre
Con el tiempo, dar a luz acostada se volvió estándar en hospitales porque facilita el trabajo del personal médico:
- Permite mejor acceso visual y físico
- Facilita el uso de instrumentos como fórceps
- Hace más sencillo monitorear a la paciente
Sin embargo, esta posición reduce el papel activo de la mujer durante el parto y la convierte en una paciente más pasiva.
¿Qué dice la ciencia?
Estudios en el campo de la Obstetricia han demostrado que las posiciones verticales tienen múltiples ventajas:
- Aprovechan la gravedad para facilitar el descenso del bebé
- Reducen la duración del parto
- Disminuyen la necesidad de cesáreas y anestesia epidural
- Mejoran la oxigenación del bebé
- Generan contracciones más eficaces
Investigaciones con miles de mujeres han confirmado que quienes dan a luz en posiciones erguidas suelen tener menos intervenciones médicas.
El papel del “parto activo”
Expertas como Janet Balaskas han promovido el concepto de “parto activo”, que busca devolverle a la mujer el control del proceso.
Este enfoque fomenta que la madre pueda moverse libremente y adoptar posiciones naturales según su comodidad, en lugar de permanecer acostada.
¿Por qué sigue siendo la norma?
A pesar de la evidencia, la posición acostada sigue predominando por varias razones:
- Infraestructura hospitalaria diseñada para esa postura
- Protocolos médicos tradicionales
- Uso de monitores y equipos que limitan el movimiento
- Falta de información en muchas pacientes
Además, en entornos clínicos se prioriza el control y la seguridad percibida, incluso si eso implica alejarse de lo más natural.
Un cambio que ya está en marcha
En algunos países, las guías médicas ya recomiendan que las mujeres elijan la posición que les resulte más cómoda durante el parto.
Cada vez más centros de maternidad ofrecen alternativas como pelotas, taburetes o incluso partos en agua, permitiendo mayor libertad de movimiento.

Más información, más opciones
El conocimiento está cambiando la forma en que se entiende el parto. A medida que más mujeres conocen sus opciones, aumenta la demanda por experiencias más respetuosas y naturales.
Aunque dar a luz acostada sigue siendo común, la tendencia apunta a recuperar prácticas más alineadas con la fisiología del cuerpo humano.
En definitiva, la posición en el parto no debería ser una imposición, sino una elección informada que priorice el bienestar de la madre y del bebé.
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