Miles de personas adoptadas por familias estadounidenses enfrentan hoy un panorama incierto: podrían ser deportadas a países que apenas recuerdan, a pesar de haber vivido durante décadas en Estados Unidos y considerarse completamente estadounidenses.
Uno de los casos más emblemáticos es el de Shirley Chung, nacida en Corea del Sur en 1965 y adoptada por una familia estadounidense cuando tenía apenas un año. Creció en Texas, estudió, trabajó y formó una familia, hasta que en 2012 descubrió que no era ciudadana estadounidense, tras perder su tarjeta del Seguro Social y verse obligada a demostrar un estatus migratorio que nunca tuvo.
“Tuve una crisis nerviosa al enterarme de que no era ciudadana”, confesó Chung, de 61 años.
Un problema que afecta a miles
De acuerdo con datos del Centro Legal de Derechos de las Personas Adoptadas, entre 18.000 y 75.000 adoptados internacionales en Estados Unidos no poseen ciudadanía, a pesar de haber sido legalmente adoptados por familias estadounidenses.
Muchos ni siquiera lo saben hasta que intentan renovar documentos o solicitar un pasaporte. En los últimos años, decenas han sido deportados a sus países de origen, en algunos casos tras cumplir condenas por delitos menores.
“Nos prometieron ser estadounidenses”
Otra mujer, adoptada desde Irán en 1973, descubrió su falta de ciudadanía al intentar obtener un pasaporte.
“No me considero inmigrante. Mi cultura fue borrada. Me dijeron que era ciudadana estadounidense y crecí creyéndolo”, declaró.
“Nos subieron a aviones cuando éramos bebés diminutos. Prometieron que seríamos estadounidenses”.
Estas personas argumentan que fueron víctimas de vacíos legales y burocráticos, ya que sus padres adoptivos o las agencias encargadas no completaron los procesos de naturalización ante el gobierno estadounidense.
Un vacío legal que aún afecta a adultos
La Ley de Ciudadanía Infantil del año 2000 buscó corregir este tipo de casos, otorgando ciudadanía automática a los adoptados internacionales, pero solo benefició a quienes nacieron después de 1983.
Los adoptados anteriores quedaron fuera, atrapados en un limbo legal que persiste más de dos décadas después.
Pese a los intentos de activistas y legisladores por eliminar el límite de edad, los proyectos de ley han fracasado repetidamente en el Congreso.
“Es solo cuestión de voluntad política”, aseguró la abogada de derechos humanos Emily Howe. “Estamos hablando de bebés que fueron admitidos legalmente en el país. Prometieron que serían estadounidenses”.
Temor ante nuevas políticas migratorias
El temor de esta población ha aumentado desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, quien reiteró su política de expulsar a todos los extranjeros que permanezcan ilegalmente en el país.
Según datos recientes del gobierno, más de dos millones de inmigrantes indocumentados habrían salido de EE.UU. en menos de 250 días, entre deportaciones y salidas voluntarias.
Organizaciones de apoyo afirman haber recibido centenares de solicitudes de ayuda de adoptados temerosos de ser deportados.
“No les importa tu historia ni cómo llegaste aquí. Este simple papel prácticamente me ha arruinado la vida”, relató una adoptada, que ahora evita ciertos lugares por miedo a ser detenida.
“Hoy me siento apátrida”.
Una promesa incumplida
Los adoptados insisten en que no buscan privilegios, sino que se cumpla la promesa que EE.UU. hizo cuando fueron traídos de bebés.
“No somos inmigrantes ilegales”, concluyó Shirley Chung. “Solo queremos que se cumpla la promesa de ser ciudadanos estadounidenses, como nos dijeron hace más de 50 años”.
Fuente: BBC News / Centro Legal de Derechos de las Personas Adoptadas / entrevistas a afectados.
