Lo que no se cuenta sobre vivir con cáncer y cómo acompañar correctamente a quien lo padece

Escuchar la palabra “cáncer” sigue siendo uno de los momentos más difíciles en la vida de una persona. Aunque los avances médicos han permitido mejorar diagnósticos, tratamientos y tasas de supervivencia, la enfermedad continúa asociándose con miedo, incertidumbre y un fuerte impacto emocional que va mucho más allá del cuerpo.

En Colombia, el cáncer representa uno de los principales problemas de salud pública. De acuerdo con cifras oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), cerca de 40.000 personas mueren cada año a causa de esta enfermedad. Solo entre enero y abril de 2024 se registraron 17.123 fallecimientos, un aumento significativo frente a años anteriores. Además, proyecciones del Instituto Nacional de Cancerología advierten que para 2030 los casos podrían incrementarse en un 30%.

Sin embargo, las cifras no alcanzan a mostrar la verdadera dimensión de lo que implica convivir con un diagnóstico oncológico.

El impacto del diagnóstico: miedo, silencio y preguntas sin respuesta

Las reacciones ante un diagnóstico de cáncer son diversas. Algunas personas lo sospechan, otras lo intuyen y muchas lo reciben como un golpe inesperado. El miedo a la muerte, la ansiedad y la confusión suelen aparecer de inmediato.

“El diagnóstico no solo afecta al paciente, también golpea a su familia, su entorno y su proyecto de vida”, explican especialistas en oncología y salud mental. A esto se suma que muchas personas sienten temor incluso de hacer preguntas, especialmente durante las primeras etapas del proceso.

Alejandra Toro, paciente en remisión desde hace 20 años y líder de la Fundación Luz Rosa, asegura que uno de los mayores vacíos que enfrentan los pacientes es el sentirse solos. “Hablar con alguien que ya pasó por lo mismo es invaluable. El acompañamiento de pares cambia completamente la experiencia”, afirma.

No todos reaccionan igual

La forma en que una persona enfrenta el cáncer depende de múltiples factores: su edad, su red de apoyo, su contexto económico y emocional, e incluso su género. En el caso de los hombres, por ejemplo, es común que repriman sus emociones por presión social.

“Muchos hombres no hablan de lo que sienten porque creen que deben ser fuertes y no preocupar a su familia. Guardan el miedo y el dolor”, explica Toro, quien ha acompañado a pacientes de todo el país.

En las mujeres, especialmente aquellas con cáncer de mama o ginecológico, el proceso suele incluir pérdidas corporales que afectan la autoimagen, la sexualidad y la autoestima, como mastectomías o histerectomías. Estos cambios requieren un acompañamiento psicológico especializado.

La importancia de la psicooncología

La psicooncología se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer y de sus familias. Los expertos coinciden en que el apoyo emocional no debe verse como algo secundario ni opcional.

“El cáncer no solo se trata con quimioterapia o cirugía. También se trata con escucha, empatía y contención emocional”, explican profesionales en salud mental. Incluso, muchos pacientes buscan ayuda psicológica después de terminar el tratamiento, cuando aparece el miedo a la recaída, la ansiedad o la depresión.

Este acompañamiento también se extiende a los familiares, quienes viven procesos de duelo anticipado, miedo e impotencia frente a la enfermedad de su ser querido.

“Tengo miedo de morir”: una frase frecuente

Una de las confesiones más comunes entre los pacientes es el miedo a la muerte. Frente a esto, los especialistas coinciden en que no se debe minimizar ni negar ese temor.

“No solamente el paciente oncológico se muere. Todos vamos a morir en algún momento”, señala Toro. Desde su experiencia, el mayor problema es que muchas personas dejan de vivir por pensar constantemente en el final. “El cáncer es impredecible. No tiene tiempos exactos ni respuestas absolutas”.

Los médicos también son claros en este punto: no es posible determinar con exactitud cuánto tiempo vivirá una persona. Dar cifras o pronósticos cerrados puede convertirse en una carga emocional innecesaria y afectar la salud mental del paciente.

Qué decir —y qué no decir— a una persona con cáncer

El lenguaje cumple un papel fundamental en el acompañamiento. Frases que buscan “animar” pueden terminar causando más daño que alivio.

Los expertos recomiendan evitar expresiones como:

  • “Todo va a estar bien”

  • “Tienes que ser fuerte”

  • “Eso ya no es tan grave”

  • “Conozco a alguien que tuvo eso y se murió”

  • “No llores, piensa positivo”

Este tipo de mensajes minimizan el dolor, generan culpa y pueden hacer que el paciente se sienta incomprendido.

En cambio, se sugiere decir:

  • “Estoy aquí para ti”

  • “¿Cómo te sientes hoy?”

  • “¿Cómo puedo ayudarte?”

  • “Está bien sentir miedo, tristeza o cansancio”

  • “Vamos un día a la vez”

  • Escuchar, incluso en silencio

“Los pacientes no son guerreros ni luchadores. Ese lenguaje puede generar culpa si el tratamiento no funciona”, advierten los especialistas.

Una mirada distinta sobre el cáncer

Para quienes han atravesado la enfermedad, el cáncer suele marcar un antes y un después. Alejandra Toro lo resume así: “Después del cáncer uno no vuelve a ser el mismo. Te conecta con la vida, con lo importante, con perdonar y con sanar”.

Más allá del diagnóstico, el mensaje es claro: nadie debería enfrentar el cáncer en soledad. El acompañamiento adecuado, humano y respetuoso puede transformar profundamente la experiencia de la enfermedad y mejorar la calidad de vida, incluso en los momentos más difíciles.

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