Mientras el planeta mira hacia la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP30), que se celebra este año en Belén, Brasil, la atención mundial se centra nuevamente en el futuro incierto de la Amazonía, el pulmón verde más grande del mundo y uno de los ecosistemas más vitales para la estabilidad climática global.
A una década del histórico Acuerdo de París, las promesas de reducir las emisiones siguen lejos de cumplirse. Las cifras revelan que la Amazonía —que durante siglos ha absorbido cantidades masivas de dióxido de carbono— enfrenta una degradación sin precedentes. Científicos advierten que el bosque tropical más extenso del planeta podría estar acercándose a un punto de no retorno.
Una joya biológica bajo amenaza
Con más de 6,7 millones de kilómetros cuadrados que se extienden por ocho países, la Amazonía alberga una biodiversidad única:
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Más de 40.000 especies de plantas.
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427 especies de mamíferos, como la nutria gigante y el oso hormiguero.
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1.300 especies de aves, entre ellas el tucán y el águila arpía.
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378 reptiles, 400 anfibios y cerca de 3.000 peces de agua dulce.
Además, cientos de comunidades indígenas dependen de este ecosistema para su supervivencia. El río Amazonas, el más caudaloso del planeta, con más de 1.100 afluentes, provee una quinta parte del agua dulce de la Tierra.
Sin embargo, informes del Programa de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP) advierten que alrededor del 20% de la selva ya ha sido destruida, y otra porción similar se encuentra severamente degradada por la deforestación, la ganadería, la minería y los incendios.
Deforestación, incendios y sequías extremas
En 2022, la región registró la tala de casi 20.000 kilómetros cuadrados de bosque, el peor nivel en casi dos décadas. Aunque el nuevo gobierno brasileño logró reducir la deforestación a la mitad en 2023, el daño acumulado ya afecta el equilibrio del ecosistema.
El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) reportó en septiembre de 2024 más de 41.000 focos de incendio, la cifra más alta desde 2010. “Cada vez hay más sequías e incendios, lo que ha provocado un aumento de la degradación de varias zonas de la Amazonía”, explicó Paulo Brando, investigador de la Universidad de Yale.
El fenómeno conocido como “ríos voladores”, que transporta humedad desde el Atlántico hacia el interior del continente, se está viendo interrumpido por la pérdida de cobertura forestal. Esto altera los patrones de lluvia, especialmente en Perú y Bolivia, donde los efectos ya son visibles.
“La supervivencia de las selvas tropicales occidentales depende de los bosques intactos de Brasil. Todo está conectado”, advierte Matt Finer, científico de Amazon Conservation.
La minería y el crimen organizado agravan la crisis
A la deforestación y los incendios se suma la minería ilegal, especialmente la del oro, que contamina los ríos con mercurio y destruye hábitats enteros. Según expertos, redes criminales y grupos armados se han expandido por la región, dificultando el control estatal.
Nuevas exploraciones revelaron además 5.300 millones de barriles de petróleo bajo el suelo amazónico, lo que convierte al área en un nuevo frente para la industria de los combustibles fósiles. Ambientalistas advierten que su explotación podría acelerar el colapso ecológico de la selva.
El ciclo del agua, en riesgo
Los científicos alertan que la degradación de la Amazonía altera los flujos hídricos que regulan el clima global. Las sequías extremas de 2023 y 2024 —las peores en 45 años— se agravaron por el fenómeno de El Niño, dejando niveles históricos de estiaje en los principales ríos.
“Los minisistemas de humedad que antes funcionaban en toda la Amazonía ahora están rotos”, afirma Finer.
“Estamos viendo los primeros signos del punto de inflexión”, agrega Erika Berenguer, investigadora de la Universidad de Oxford.
El impacto global
La Amazonía almacena alrededor de 71.500 millones de toneladas métricas de carbono, el equivalente a casi dos años de emisiones mundiales de CO₂. Si el bosque continúa degradándose, podría dejar de absorber carbono y comenzar a emitirlo, agravando la crisis climática global.
“La Amazonía es el aire acondicionado del planeta”, explica el científico brasileño Tasso Azevedo. “Si la perdemos, perdemos nuestra mejor herramienta natural contra el calentamiento global”.
