La cooperación entre United States y Colombia durante décadas ha sido uno de los pilares de la seguridad hemisférica: Washington brindaba apoyo militar, logístico y financiero, y Bogotá actuaba como aliado clave en la lucha contra las redes de narcotráfico que afectan a ambos países. Pero en los últimos meses, la tensión entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro amenaza con fracturar ese vínculo.
¿En qué consiste esta alianza?
-
Desde principios de los 2000, bajo el programa del Plan Colombia y sus sucesores, EE. UU. destinó miles de millones de dólares en ayuda —militar, policial y antidrogas— para fortalecer las fuerzas colombianas, combatir el cultivo de cocaína y frenar el flujo de drogas hacia territorio estadounidense.
-
Colombia se convirtió en el aliado más cercano de EE. UU. en América Latina en materia antinarcóticos. Se estima que una parte importante de la inteligencia estadounidense en el Caribe depende de datos compartidos desde Colombia.
-
A cambio, EE. UU. mantenía programas de entrenamiento, equipamiento, cooperación de fuerzas especiales, y apoyo al desarrollo de zonas pobres afectadas por el conflicto y el narcotráfico.
¿Por qué esa relación ahora está en riesgo?
-
La escalada diplomática entre Trump y Petro ha alcanzado un punto álgido: acusaciones directas, amenazas de recorte de ayuda, y choques públicos. Trump acusó a Petro de “líder del narcotráfico” y anunció la suspensión de pagos/subsidios al país.
-
Petro denunció que acciones militares de EE. UU. en aguas del Caribe —dirigidas contra embarcaciones narco— involucraron a ciudadanos colombianos y violaron la soberanía nacional.
-
Estas disputas coinciden con momentos críticos: aumento del cultivo de coca en Colombia, récords de producción de cocaína, inseguridad en regiones golpeadas por grupos armados, y operaciones estadounidenses en el Caribe que requieren cooperación logística desde Colombia.
¿Quién pierde si la alianza se debilita?
-
Colombia: Sin el apoyo logístico, financiero y de inteligencia de EE. UU., la capacidad para combatir narcotráfico, coordinar interdicciones y mantener operaciones transversales se ve mermada. Eso podría traducirse en más drogas saliendo por territorio colombiano, más presión interna de los grupos armados, y mayor riesgo de inestabilidad.
-
EE. UU.: Al perder la colaboración de Colombia, Washington debilita uno de sus ejes operativos más importantes en la región. La ruta del narcotráfico hacia EE. UU. podría fortalecerse, y los esfuerzos antinarcóticos en el Caribe y Latinoamérica se verían comprometidos.
-
Ambos países: El mayor beneficiario de esta ruptura sería el crimen organizado. Cuando los aliados débiles se descoordinen, los carteles y bandas encuentran más espacios para actuar.
¿Qué sigue?
-
Colombia deberá tomar decisiones importantes: ¿mantener alineamientos que le permitan continuidad con EE. UU.? ¿o intensificar una política más autónoma que podría aislarla en materia de seguridad y ayuda?
-
EE. UU. enfrenta su propia paradoja: recortar ayuda a un aliado clave justo cuando enfrenta crecientes desafíos en la región (por ejemplo rutas marítimas de narcotráfico en el Caribe).
-
Las señales están sobre la mesa: descertificación del programa antinarcóticos colombiano, suspensión de ayudas, visados revocados… todo apunta a un endurecimiento de la política estadounidense hacia Colombia.
-
La clave estará en la coordinación y confianza: sin ellas, tanto las interdicciones narcóticas como las operaciones conjuntas podrían derrumbarse.
