Hantavirus Andes: científicos explican qué se sabe y qué sigue siendo un misterio
El reciente brote de hantavirus relacionado con el crucero “Hondius” volvió a encender las alertas sanitarias en Sudamérica y puso bajo la lupa a una de las variantes más particulares y preocupantes de esta enfermedad: el hantavirus Andes, una cepa que, a diferencia de otras, puede transmitirse entre personas en circunstancias excepcionales.
Aunque el virus circula desde hace décadas en regiones de la Patagonia argentina y chilena, todavía existen muchas preguntas sin respuesta sobre su comportamiento, la forma en que se propaga y las razones por las cuales algunos brotes logran generar cadenas de contagio humano.
Mientras especialistas avanzan en nuevas investigaciones, científicos y epidemiólogos coinciden en que el hantavirus sigue siendo una enfermedad difícil de estudiar debido a la baja cantidad de casos y la rapidez con la que empeoran los pacientes.

El ratón colilargo: el principal transmisor del virus
El principal reservorio del hantavirus Andes es el Oligoryzomys longicaudatus, conocido popularmente como ratón colilargo.
Este roedor silvestre habita zonas de la Patagonia y transmite el virus principalmente a través de saliva, orina y heces contaminadas.
El contagio suele ocurrir cuando las personas ingresan a espacios cerrados o poco ventilados donde hubo presencia reciente de estos animales.
Según explicó Raúl González Ittig, los factores ambientales juegan un papel importante en el aumento de casos.
El especialista sostiene que fenómenos climáticos asociados a El Niño generan lluvias intensas, más vegetación y mayor disponibilidad de alimento para los roedores, lo que incrementa su población.
“Hay más individuos y mayor probabilidad de que algún trabajador rural se infecte”, explicó el investigador.
Sin embargo, aclaró que un aumento de roedores no necesariamente significa que habrá un brote de hantavirus, aunque sí incrementa el riesgo de contacto con humanos.
Por el contrario, las sequías y los incendios forestales que afectan frecuentemente la región patagónica durante el verano suelen reducir las poblaciones de ratones.
La transmisión entre personas sigue siendo excepcional
Uno de los aspectos más inquietantes del hantavirus Andes es su capacidad de transmisión entre humanos, algo extremadamente raro entre las distintas variantes de hantavirus conocidas en el mundo.
El epidemiólogo Rodrigo Bustamante explicó que el contagio interhumano “no es una regla, sino un evento excepcional”.
Según detalló, para que ocurra la transmisión generalmente se requiere un contacto estrecho, prolongado y a menos de un metro de distancia durante varios minutos.
“Generalmente ocurre entre convivientes o personas muy cercanas”, señaló.
Los expertos también descartan que el virus haya sufrido recientemente una mutación similar a las que se observaron en enfermedades como el covid-19 o la gripe.
La infectóloga María Ester Lázaro explicó que el hantavirus es considerado genéticamente estable y que ha evolucionado durante miles de años junto a su roedor hospedero.
“Lo que no sabemos es por qué el virus Andes, en algunas ocasiones, logra transmitirse entre personas y generar cadenas de contagio”, afirmó.
Precisamente, esa característica fue observada en grandes brotes registrados en la Patagonia argentina durante 1996 y 2018, además del caso reciente vinculado al crucero “Hondius”.
Una enfermedad difícil de investigar
Otro de los grandes desafíos científicos es la dificultad para estudiar el comportamiento del hantavirus.
La principal razón es la baja cantidad de casos registrados cada año. Según explicó María Ester Lázaro, se necesitan largos períodos de observación para reunir información estadísticamente relevante.
“El problema del hantavirus es que son muy pocos los casos y eso hace difícil sacar conclusiones sólidas”, indicó.
El doctor Rodrigo Bustamante agregó que en hospitales de zonas afectadas, como Bariloche, normalmente se registran apenas entre dos y cuatro casos anuales.
Además, la enfermedad tiene una evolución extremadamente rápida. Los síntomas iniciales pueden confundirse fácilmente con una gripe común o un cuadro gastrointestinal.
Fiebre, dolores musculares, diarrea y vómitos suelen aparecer durante los primeros días. Sin embargo, en cuestión de horas, el paciente puede desarrollar una insuficiencia respiratoria severa.
“Al cuarto día, el paciente puede pasar de parecer resfriado a necesitar respirador”, explicó Lázaro.
Esa rapidez también complica los estudios epidemiológicos, ya que muchas veces los médicos no alcanzan a reconstruir completamente los lugares donde estuvo el paciente ni las posibles fuentes de contagio.

Investigaciones avanzan en Tierra del Fuego
La preocupación aumentó especialmente tras los casos relacionados con el crucero “Hondius”, que había partido desde Ushuaia.
Actualmente, científicos argentinos intentan determinar si el roedor presente en Tierra del Fuego corresponde al mismo ratón colilargo o si se trata de una subespecie con características diferentes.
Especialistas del Instituto Malbrán viajarán a Ushuaia para profundizar los estudios sobre el posible rol de estos roedores como reservorios del hantavirus.
El objetivo será analizar muestras biológicas, estudiar poblaciones de ratones y evaluar el comportamiento epidemiológico en la región austral.
Los casos aumentan en Argentina
Las cifras sanitarias muestran que el hantavirus continúa siendo motivo de vigilancia permanente en Argentina.
Según datos oficiales, durante la actual campaña epidemiológica —que se extiende entre junio y mayo de cada año— se registraron 102 casos de distintas cepas de hantavirus en el país.
La cifra representa casi el doble de los 57 casos contabilizados durante el mismo período anterior.
Aunque la enfermedad sigue siendo poco frecuente, el aumento de casos y la capacidad excepcional del hantavirus Andes para transmitirse entre humanos mantienen en alerta a las autoridades sanitarias y a la comunidad científica.
Por ahora, los expertos coinciden en que todavía quedan muchas preguntas sin respuesta sobre este virus, especialmente sobre qué factores permiten que algunos contagios aislados terminen convirtiéndose en cadenas de transmisión humana.
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