Enero sangriento en Colombia: los homicidios están disparados en las principales ciudades
El año 2026 comenzó en Colombia con un panorama de violencia que preocupa seriamente a las autoridades, a los expertos en seguridad y a la ciudadanía en general. En ciudades clave como Cali, Barranquilla y Medellín, los homicidios han mostrado un repunte alarmante durante las primeras semanas del año, reviviendo viejos fantasmas de guerras criminales, sicariato y disputas por el control de economías ilegales.
Cali: el epicentro de la violencia en enero
La situación más crítica se vive en Cali, donde en menos de 30 días se han registrado más de 90 homicidios, lo que equivale a un promedio cercano a tres asesinatos diarios. Las cifras han encendido las alarmas y han puesto nuevamente a la capital del Valle del Cauca en el foco nacional por la violencia urbana.
Investigaciones preliminares indican que la ciudad es hoy escenario de al menos cinco conflictos criminales simultáneos, muchos de ellos heredados de municipios cercanos como Buenaventura, Jamundí, Tuluá, Cartago y zonas del norte del Cauca. Según fuentes judiciales, varios capos de estas regiones residen o se movilizan constantemente en Cali, desde donde coordinan oficinas de sicarios y operaciones ilegales.
Uno de los hechos que mayor impacto generó ocurrió en un lujoso restaurante del sector El Peñón, al norte de la ciudad. Allí, cinco sicarios asesinaron a un hombre que compartía con su familia. Aunque inicialmente se habló de un intento de robo, las autoridades confirmaron que se trató de un ajuste de cuentas ligado a redes de narcotráfico transnacional. La víctima, al parecer, tenía una deuda con un capo invisible y fue ejecutada tras resistirse a ser secuestrada.
Barranquilla y el Atlántico: guerra por las rentas ilegales
El panorama en Barranquilla y su área metropolitana no es menos preocupante. El 2025 cerró con 725 homicidios en Barranquilla, Soledad, Malambo, Galapa y Puerto Colombia. En lo que va de 2026 ya se contabilizan 79 asesinatos, lo que representa un aumento del 14 % frente al mismo periodo del año anterior.
En esta región se libra una violenta disputa entre organizaciones criminales como Los Costeños, Los Pepes, el Clan del Golfo, Los Papalópez y el grupo liderado por alias Negrito Rubí. Estas estructuras se enfrentan por el control de actividades ilícitas como la extorsión, el microtráfico, el gota a gota y el despojo de tierras.
Uno de los crímenes más estremecedores ocurrió en el barrio La Esmeralda, donde un niño de 12 años fue asesinado durante un ataque armado contra una tienda que se habría negado a pagar una extorsión. El hecho, grabado en video, causó indignación nacional y evidenció el nivel de crueldad de estas bandas.
A esto se suma el asesinato de Linda Eximirey Ordóñez Burbano, de 36 años, en el barrio Altos del Río, en medio de una presunta disputa relacionada con préstamos ilegales y conflictos de tierras.
Medellín: cifras contenidas, pero con señales de alerta
Aunque Medellín cerró 2025 con 346 homicidios, una de las cifras más bajas en cuatro décadas, el inicio de 2026 genera inquietud. Solo el 1 de enero, dos personas fueron asesinadas, marcando el inicio del conteo anual.
Hasta la fecha, la ciudad acumula 27 homicidios, distribuidos en varias comunas, con especial atención en Manrique, Aranjuez y Popular, zonas donde tiene fuerte presencia la banda La Terraza, liderada históricamente por alias Douglas. Esta estructura enfrenta una vendetta criminal desde el año pasado.
Dos asesinatos registrados el 23 de enero, con víctimas encontradas con la cabeza envuelta en papel vinipel, refuerzan la hipótesis de venganzas internas. El temor ciudadano crece ante el posible impacto de esta violencia en la seguridad local y en el proceso de paz urbana promovido por el Gobierno nacional.
Un inicio de año marcado por la incertidumbre
El enero sangriento de 2026 deja en evidencia que la violencia urbana sigue siendo uno de los mayores desafíos del país. Mientras las autoridades anuncian planes de contención, la ciudadanía vive con miedo y exige respuestas efectivas ante un fenómeno que parece reciclar viejas guerras criminales con nuevos actores.
El reto para Colombia será frenar esta escalada antes de que las cifras sigan creciendo y el país vuelva a escenarios que creía superados.
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