El científico venezolano Carlos Chaccour ha logrado demostrar que una pastilla económica y de fácil acceso, la ivermectina, puede ayudar a combatir la malaria al actuar contra el mosquito que transmite la enfermedad. Su hallazgo, respaldado por años de investigación y ensayos clínicos en África, podría marcar un antes y un después en la lucha global contra uno de los males más persistentes del planeta.
Chaccour, médico egresado de la Universidad Central de Venezuela y hoy investigador en el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Navarra, inició esta línea de investigación hace más de 18 años, inspirado por una pregunta sencilla pero poderosa:
“Si la ivermectina mata los piojos, ¿podría también acabar con el mosquito que transmite la malaria?”.
Desde entonces, el camino no ha sido fácil. Su trabajo lo llevó a enfrentar una pandemia, huracanes, inundaciones y epidemias, pero su perseverancia dio frutos. En 2024, un estudio en Kenia con casi 30.000 participantes demostró que el suministro de ivermectina redujo en un 26% los casos de malaria entre la población tratada.
La investigación, financiada por Unitaid con 25 millones de dólares, fue ejecutada en colaboración con el Instituto de Salud Global de Barcelona y mostró que la ivermectina puede actuar como un “insecticida en la sangre”, eliminando a los mosquitos que se alimentan de personas que han tomado el medicamento.
“Este descubrimiento ofrece una alternativa real para reducir la transmisión de la malaria en regiones donde los métodos tradicionales se han estancado”, explicó Chaccour.
El científico, que inició su carrera en comunidades indígenas del Amazonas venezolano, mantiene vivo el legado del doctor Arnoldo Gabaldón, quien convirtió a Venezuela en el primer país del mundo en erradicar la malaria en 1961.
Hoy, Chaccour lidera el proyecto BOHEMIA, una iniciativa internacional que busca que la ivermectina sea reconocida como parte de las políticas públicas de salud global.
“La ivermectina no reemplaza los mosquiteros ni los tratamientos existentes, pero puede ser una herramienta poderosa para complementar la lucha contra la malaria”, afirma.
El logro de este investigador venezolano representa una esperanza tangible para millones de personas en África, América Latina y Asia, regiones donde la malaria sigue cobrándose más de 600.000 vidas cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
