Una investigación publicada por Revista SEMANA reveló la ubicación y las condiciones del lugar donde las disidencias de las Farc al mando de Iván Mordisco mantienen a la mayoría de sus secuestrados. El sitio, conocido entre los habitantes como “el resort”, se encuentra en zona rural alta de Jamundí, Valle del Cauca, y ha sido descrito como una especie de “zona de distensión” bajo control absoluto del grupo armado.
Un centro de cautiverio camuflado entre las montañas
De acuerdo con la información obtenida por SEMANA, el 95 % de las personas secuestradas por el Frente Jaime Martínez terminan en una finca ubicada entre las veredas La Cabaña y Berlín, del corregimiento San Antonio. A simple vista, el predio parece una hacienda de descanso con piscina, cultivos y casas rurales, pero en realidad funciona como un centro de cautiverio vigilado permanentemente por hombres armados.
Líderes comunitarios consultados por el medio aseguraron que el sitio está rodeado de puestos de control ilegales y que solo los habitantes del sector conocen los caminos de acceso. “Esa finca es grande, tiene piscina y casa de recreo, pero allá no hay descanso. Allá tienen gente amarrada”, relató un testigo bajo reserva por temor a represalias.
Víctimas y rutas del secuestro
Entre las víctimas que habrían pasado por el llamado “resort” se encuentra el niño Lyan Hortúa, de 11 años, secuestrado el pasado 5 de mayo en Potrerito (Jamundí). Según las autoridades, fue trasladado hacia la parte alta del municipio, donde delinque la estructura Jaime Martínez.
La investigación también indica que en ese mismo predio han estado secuestradas personas provenientes de Tolima, Huila, Cauca y Valle del Cauca, trasladadas desde zonas urbanas hasta caminos rurales de difícil acceso.
“Los suben en camionetas, por donde ni el Ejército entra. Algunos regresan tras pagar rescate; otros siguen sin rastro”, narró un campesino de la región.
Una zona estratégica para el narcotráfico
Fuentes de inteligencia militar citadas por SEMANA afirmaron que el terreno tiene un valor estratégico para las disidencias, pues conecta los corredores que comunican Jamundí con el norte del Cauca y el Pacífico. Desde allí pueden movilizar cargamentos de droga y controlar el tránsito sin ser detectados.
Además del secuestro, la estructura financia sus operaciones mediante la extorsión y el narcotráfico, con más de 4.000 hectáreas de cultivos ilícitos distribuidas entre los corregimientos de San Antonio, La Liberia y Villa Colombia.
El miedo como forma de control
Los líderes sociales de Jamundí denuncian que el miedo se ha convertido en norma. Muchos han sido amenazados o desplazados, y las comunidades viven bajo vigilancia permanente.
“Nos tienen como secuestrados también. No podemos hablar ni denunciar. Ellos escuchan todo”, relató un habitante. Algunos pobladores incluso afirman que las disidencias los obligan a formar cordones humanos para impedir el avance del Ejército.
Un sistema de cautiverio permanente
El reportaje de SEMANA advierte que el secuestro en esta región no es un hecho aislado, sino un sistema organizado dentro de la estructura criminal. Las víctimas permanecen incomunicadas, bajo custodia armada y en condiciones precarias.
“Comen lo que hay, duermen en cambuches y los encapuchan todo el tiempo. A veces los cambian de lugar, pero no los sacan del mismo sector”, aseguró un líder comunal.
Silencio y desconfianza
Aunque el Gobierno ha mencionado posibles acercamientos con las disidencias de Mordisco, los habitantes de Jamundí aseguran no haber visto cambios. El “resort de los secuestrados” sigue activo y oculto entre los árboles.
“Nadie sabe cuántos están allá dentro ni cuántos han pasado por ese sitio”, concluye el reportaje. En medio del silencio, la ausencia del Estado mantiene viva una industria del miedo que se sostiene sobre la violencia, el secuestro y la impunidad.
📎 Fuente: Revista SEMANA – Investigación publicada en octubre de 2025.
