EE. UU. excluyó a Machado en transición venezolana

Un reportaje publicado por The Wall Street Journal ha desatado una fuerte polémica internacional al revelar detalles inéditos sobre la estrategia de Estados Unidos en la transición política de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. Según la investigación, Washington habría optado por excluir a María Corina Machado como figura central del proceso, inclinándose en cambio por Delcy Rodríguez, una decisión marcada por intereses energéticos y geopolíticos.

El informe señala que meses antes de la captura de Maduro en Caracas, la CIA consultó a Ali Moshiri, exejecutivo de Chevron con amplia trayectoria en Venezuela, sobre quién debía asumir el liderazgo en un escenario postchavista. Su recomendación fue contundente: respaldar a Machado podría desencadenar un escenario de inestabilidad similar al vivido en Irak tras la caída de su régimen.

En contraste, Moshiri propuso a Rodríguez como una figura capaz de garantizar gobernabilidad. Argumentó que la líder opositora no contaba con respaldo de las fuerzas de seguridad ni control sobre la infraestructura petrolera, mientras que Rodríguez sí poseía influencia dentro del aparato estatal y experiencia en la gestión económica.

Influencia petrolera en la decisión

La sugerencia de Moshiri habría tenido un impacto directo en la evaluación secreta que la CIA presentó a la Casa Blanca. Según el reporte, esta valoración fue determinante para que el entonces presidente Donald Trump respaldara la opción de Rodríguez pocas horas después de la caída de Maduro.

“Sería muy difícil para Machado asumir el poder”, declaró Trump en su momento, subrayando la falta de apoyo interno de la dirigente opositora. Esta postura refleja el peso que tuvieron las consideraciones pragmáticas, especialmente las relacionadas con el sector energético.

El papel de Chevron resulta clave en este contexto. La compañía ha sido la única gran petrolera estadounidense en mantener operaciones constantes en Venezuela, incluso durante los momentos más críticos del chavismo. Tras la transición, sus acciones han aumentado cerca de un 30 %, y ha anunciado planes para incrementar su producción en el país hasta un 50 % en los próximos dos años.

La figura de Ali Moshiri

La influencia de Moshiri no surgió de manera improvisada. Durante años, el ejecutivo cultivó relaciones cercanas con líderes venezolanos, incluido Hugo Chávez, quien lo consideraba un aliado estratégico. Su capacidad para mantener a Chevron en el país durante las nacionalizaciones de 2006 lo posicionó como una figura clave en la intersección entre política y negocios.

Tras la muerte de Chávez en 2013, Moshiri fortaleció su vínculo con Delcy Rodríguez, quien fue escalando posiciones hasta convertirse en una de las figuras más influyentes del gobierno. Esta relación consolidó su percepción como una opción viable para liderar una transición sin sobresaltos en la industria petrolera.

Además, el informe indica que Moshiri habría compartido información con la CIA durante años, lo que refuerza la hipótesis de su influencia en la toma de decisiones estratégicas de Washington.

Tensiones políticas y críticas

La decisión de respaldar a Rodríguez ha generado fuertes críticas dentro y fuera de Estados Unidos. Analistas y exfuncionarios consideran que esta estrategia prioriza los intereses económicos sobre la democratización real de Venezuela.

Uno de los críticos más destacados es Elliott Abrams, exrepresentante especial para Venezuela, quien advirtió que semanas después de la caída de Maduro no se observan avances significativos en materia política. Según Abrams, más de 500 presos políticos continúan detenidos y no se han creado condiciones para el regreso de líderes exiliados.

El analista también citó encuestas que muestran que María Corina Machado superaría ampliamente a Delcy Rodríguez en unas elecciones libres, con un 67 % frente a un 25 %. A su juicio, esto evidencia una desconexión entre la voluntad popular y las decisiones adoptadas por Washington.

Un dilema para Estados Unidos

La situación plantea un dilema complejo para la política exterior estadounidense: equilibrar la estabilidad económica y energética con la promoción de la democracia. La reciente reanudación de relaciones diplomáticas con Venezuela podría fortalecer al nuevo liderazgo sin exigir reformas políticas profundas.

En este contexto, la administración Trump enfrenta crecientes cuestionamientos sobre sus prioridades en la región. Mientras el sector energético celebra las oportunidades de inversión, sectores políticos y sociales advierten sobre el riesgo de consolidar un modelo de transición sin legitimidad democrática.

La tensión entre pragmatismo económico y principios políticos será, sin duda, uno de los temas centrales en la evolución de la crisis venezolana en los próximos meses.

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