Mohamed Hamdan Dagolo, conocido como Hemedti, pasó de ser un comerciante de camellos en los desiertos de Darfur a convertirse en uno de los hombres más poderosos y temidos de África. Su grupo armado, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), controla actualmente más de la mitad del territorio de Sudán, tras tomar el dominio de El Fasher, el último bastión del ejército en la región occidental.
De la pobreza al poder militar
Hemedti, nacido entre 1974 y 1975, creció en el seno de una familia humilde de pastores de camellos perteneciente a la comunidad Rizeigat, en Darfur. Sin educación formal y en medio de conflictos étnicos, encontró su camino en la violencia organizada.
Durante la guerra de Darfur, se unió a las milicias Janjaweed, tristemente célebres por sus ataques contra aldeas del grupo étnico Fur. Informes de la Unión Africana y de Human Rights Watch (HRW) los señalan por crímenes de guerra y actos de genocidio en los años 2000.
Aunque su nombre no apareció entre los acusados en la Corte Penal Internacional, Hemedti fue señalado por comandar ataques que dejaron cientos de muertos. Con el tiempo, se convirtió en aliado del entonces presidente Omar al Bashir, quien lo recompensó con poder y recursos.
Oro, armas y ambición
Tras sofocar rebeliones y ganarse la confianza del gobierno, Hemedti tomó control de Jebel Amir, la mina de oro artesanal más grande de Darfur. Su empresa familiar, Al Gunaid, se transformó en una de las mayores exportadoras de oro del país.
En 2013, fundó las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un nuevo cuerpo paramilitar con respaldo directo del gobierno. Desde entonces, las RSF han crecido como una poderosa maquinaria militar, económica y política.
De acuerdo con investigaciones de The New York Times, las RSF mantienen conexiones con Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita e incluso el grupo Wagner de Rusia, con quienes habrían negociado armamento, entrenamiento y operaciones en el extranjero.
Un conflicto devastador
Desde 2023, Sudán vive una guerra interna entre el ejército regular, liderado por Abdel Fattah al Burhan, y las fuerzas de Hemedti. La violencia ha dejado más de 15.000 civiles muertos, según estimaciones de Naciones Unidas, y ha sido calificada por Estados Unidos como un genocidio.
Las RSF han sido acusadas de masacres, saqueos y violaciones en Darfur y otras regiones del país. Videos difundidos por los propios combatientes evidencian la brutalidad con la que operan. Aun así, Hemedti continúa expandiendo su influencia militar y política, liderando un gobierno paralelo denominado “Gobierno de Paz y Unidad”.
Un líder sin remordimientos
Aunque ha prometido investigar los abusos cometidos por sus tropas, Hemedti mantiene su discurso desafiante y asegura que busca “restaurar la paz y la justicia en Sudán”. Sin embargo, organismos internacionales y medios como The New York Times advierten que su ambición podría conducir al país hacia una división permanente.
Con la toma de El Fasher, las RSF consolidan su dominio sobre la mayor parte del occidente sudanés. Mientras tanto, la comunidad internacional enfrenta el dilema de intervenir o seguir observando cómo un antiguo comerciante de camellos se convierte en el nuevo señor de la guerra de África.
