Durante décadas se creyó que el origen del Parkinson era principalmente hereditario. Sin embargo, nuevas investigaciones están cambiando ese paradigma y apuntan a que factores ambientales —incluidos solventes industriales presentes en el agua potable— podrían tener un papel mucho más determinante de lo que se pensaba.
Un reciente estudio epidemiológico publicado en JAMA Neurology relaciona la enfermedad con la exposición a sustancias químicas como el tricloroetileno (TCE), un solvente industrial utilizado durante décadas y responsable de la contaminación de miles de acuíferos en Estados Unidos. Según los expertos, esta exposición podría estar asociada al notable incremento en los casos de Parkinson en los últimos años.
¿Está el Parkinson en el agua? Un debate que se reabre
La enfermedad de Parkinson (EP), conocida por su impacto progresivo en el sistema motor y la función neurológica, ha sido históricamente considerada una patología con fuerte base genética. Pero un artículo publicado por la revista WIRED revela que investigaciones recientes están derribando esa idea.
Si bien existen casos emblemáticos con predisposición genética —como el del cofundador de Google, Sergey Brin, portador de una mutación en el gen LRRK2, o el activismo del actor Michael J. Fox—, la evidencia poblacional muestra que centrarse exclusivamente en los genes no basta para explicar el comportamiento de la enfermedad.
Un aumento difícil de explicar solo con genética
En Estados Unidos, las tasas de Parkinson se han duplicado en los últimos 30 años y se estima que continuarán creciendo entre un 15 % y un 35 % por década. Este ritmo acelerado no coincide con los tiempos evolutivos de la genética humana, que cambia gradualmente a lo largo de muchas generaciones.
Por ello, los científicos están poniendo la lupa en el exposoma, un concepto que engloba todas las exposiciones ambientales a las que una persona está sometida a lo largo de su vida.
El exposoma: genes que predisponen, ambiente que desencadena
El exposoma incluye factores como:
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Solventes industriales (como el TCE)
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Pesticidas
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Compuestos perfluorados (PFAS)
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Contaminación del aire
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Microplásticos y sus subproductos
A pesar de la enorme cantidad de químicos presentes en el mundo moderno, menos del 1 % de las 350.000 sustancias registradas en EE. UU. han sido evaluadas adecuadamente en términos de seguridad, según WIRED.
Este enfoque propone que la salud es el resultado de una interacción constante entre predisposición genética y ambiente: los genes pueden aumentar el riesgo, pero es el entorno el que actúa como detonante.
Hacia un nuevo enfoque: prevención desde el ambiente
Si esta línea de investigación continúa fortaleciéndose, los esfuerzos para reducir el riesgo de Parkinson podrían pasar por:
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Fortalecer la vigilancia y limpieza de los sistemas de agua potable
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Limitar o prohibir ciertos pesticidas
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Evaluar y retirar químicos neurotóxicos del entorno
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Mejorar la regulación de sustancias industriales
A diferencia de las terapias centradas solo en la genética, estas acciones tendrían un impacto preventivo más inmediato y colectivo.
