El Banco Agrario de Colombia, único establecimiento de crédito público del país, atraviesa actualmente un periodo de fuertes cuestionamientos y tensiones internas. A los recientes señalamientos sobre presuntos favorecimientos en el otorgamiento de créditos, se suma el análisis del expresidente de la entidad, Francisco Mejía, quien advierte un deterioro significativo en la cartera, las utilidades y la estructura operativa del banco.

Según Mejía, quien dirigió la institución entre agosto de 2018 y agosto de 2022, el Banco Agrario presenta un retroceso marcado en sus resultados financieros. Las utilidades, que al cierre de 2022 ascendían a 672.000 millones de pesos, cayeron a 386.000 millones en diciembre de 2024, lo que representa una disminución nominal del 42,5 % y real del 51,7 % al descontar la inflación. Aunque el sistema bancario en general ha enfrentado presiones por el aumento de las tasas de interés, el exdirectivo sostiene que el deterioro del Agrario ha sido más profundo debido a deficiencias internas.

Mejía atribuye parte del retroceso a un agravamiento de la cartera por fallas en los procesos de otorgamiento y monitoreo del crédito, y a la posible existencia de prácticas irregulares. La cartera vencida pasó de 210.000 millones de pesos en 2022 a 555.000 millones en 2024, y el deterioro acumulado entre septiembre de 2022 y septiembre de 2025 alcanzaría, según sus cálculos, 1,53 billones de pesos.

El exfuncionario también señala un crecimiento “desmesurado” en los gastos operativos, tanto en nómina como en contratos de prestación de servicios. Solo entre enero y septiembre de 2025, el banco habría ejecutado 630.000 millones de pesos en contratación por servicios, 76.000 millones más que en el mismo periodo del año anterior.

A estos factores se suma —de acuerdo con Mejía— el abandono de programas estratégicos orientados al fortalecimiento del sector rural. Entre ellos menciona la alianza con Rabobank, Solidaridad y Microsoft, que promovía la siembra de cacao y la generación de bonos de carbono; el programa de remesas internacionales con Western Union, que facilitaba envíos a regiones apartadas; y la iniciativa de ecosistemas digitales de pago, diseñada para llevar soluciones tecnológicas a zonas sin presencia física del banco.

Asimismo, el expresidente denuncia la eliminación del programa de créditos para jóvenes rurales y el cierre de cuentas a grandes empresas agropecuarias, lo que —según afirma— ha generado preocupación en sectores productivos que tradicionalmente se vinculaban con la entidad.

Mejía concluye que, en conjunto, estos elementos reflejan un deterioro institucional que afecta directamente la función misional del Banco Agrario: impulsar el desarrollo financiero y productivo del campo colombiano.

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