¿Cómo queda Colombia frente a los nuevos aranceles de Trump? Desafíos y oportunidades
La reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer un arancel global temporal del 10 % a las importaciones no exentas abre un nuevo capítulo en la relación comercial con Colombia. Aunque el Consejo de Empresas Americanas (CEA Colombia) advierte que el país no enfrenta un riesgo estructural inmediato, sí se configura un escenario de transición que exige estrategia, diálogo y acción coordinada entre el sector público y privado.
Según explica Ricardo Triana, director ejecutivo del CEA Colombia, el nuevo arancel surge tras el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que declaró ilegales los llamados aranceles “recíprocos” impuestos bajo una ley de emergencia. Como respuesta, la administración Trump anunció este gravamen temporal por cinco meses, con la posibilidad de incrementarlo hasta el 15 %.
Impacto inmediato en las exportaciones colombianas
Para Colombia, el anuncio implica que ciertos productos que tradicionalmente ingresaban a Estados Unidos con arancel cero, gracias al Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos (TLC), podrían enfrentar un recargo del 10 % durante el periodo transitorio.
Entre los bienes potencialmente afectados se encuentran flores cortadas, aceite de palma y transformadores eléctricos, que en conjunto representan cerca del 28,4 % de las exportaciones colombianas al mercado estadounidense. La dimensión del impacto no es menor si se tiene en cuenta que, entre enero y octubre de 2025, Colombia exportó más de 12.411 millones de dólares a Estados Unidos, con la participación de más de 3.100 empresas nacionales.
Además, alrededor del 30 % de las exportaciones totales del país tienen como destino Estados Unidos, lo que confirma la alta integración de las cadenas productivas entre ambos países.
Productos excluidos y canasta en validación
No todo el panorama es adverso. Algunos productos estratégicos ya fueron confirmados como excluidos del nuevo arancel. Entre ellos destacan el aguacate Hass, el café sin tostar descafeinado, el carbón térmico, el betún asfáltico y el platino en bruto o en polvo. Estos bienes representan aproximadamente el 4,2 % de las exportaciones colombianas a Estados Unidos, asegurando su competitividad en medio del ajuste arancelario.
Por otra parte, existe un 63,6 % de la canasta exportadora que requiere validaciones técnicas para confirmar su exención. En este grupo se incluyen productos clave como café verde no descafeinado, petróleo, oro, banano, cacao y extractos de café. La gestión ante la Agencia de Aduanas estadounidense será determinante para evitar que estos bienes queden sujetos al recargo.
Flores y café: sectores estratégicos bajo la lupa
En productos emblemáticos como flores y café, Colombia mantiene una posición sólida en el mercado estadounidense.
En flores, cerca del 80 % de las exportaciones nacionales se dirigen a Estados Unidos, consolidando al país como su principal proveedor. Si bien el nuevo arancel introduce ajustes, Colombia mantiene condiciones similares frente a competidores regionales como Ecuador y México, que enfrentan mayores costos logísticos o menor diversificación productiva.
En el caso del café, la situación es más técnica. El café sin tostar descafeinado ya fue excluido del arancel del 10 %, pero el café verde tradicional y los extractos requieren validación. De confirmarse su clasificación arancelaria bajo las reglas del TLC, Colombia conservaría las preferencias y evitaría el recargo que podría escalar al 15 %.
Esta ventaja resulta relevante frente a competidores como Brasil, que ha enfrentado amenazas de aranceles más altos bajo políticas de reciprocidad, y Vietnam, cuyos grandes volúmenes podrían verse impactados por el arancel universal.
Riesgos para la competitividad e inversión
Desde el CEA Colombia se subraya que el país no enfrenta riesgos particulares si se preserva la solidez institucional y el diálogo bilateral. Estados Unidos continúa siendo el principal inversionista extranjero en Colombia, con cerca del 30 % de la inversión extranjera directa total y una presencia estructural en sectores como manufactura, energía y servicios.
Las decisiones de inversión, enfatiza Triana, responden a fundamentos de largo plazo más que a medidas puntuales. La clave será mantener reglas claras, estabilidad jurídica y canales de comunicación permanentes entre gobiernos y sector privado.
Una ventana estratégica de 150 días
Los próximos 150 días se perfilan como una ventana estratégica para Colombia. Este periodo debe aprovecharse para:
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Consolidar productos de alto valor agregado.
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Fortalecer la sostenibilidad en cadenas agrícolas.
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Optimizar procesos logísticos y aduaneros.
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Intensificar el diálogo técnico con autoridades estadounidenses.
El llamado del CEA es claro: instalar mesas de trabajo inmediatas que permitan asegurar que el 64 % de la canasta exportadora mantenga su exención arancelaria. De lograrse, Colombia no solo preservaría su participación en el mercado estadounidense, sino que podría fortalecer su liderazgo regional.
Desafíos y oportunidades en el nuevo escenario
El nuevo esquema arancelario representa un doble desafío. Por un lado, introduce incertidumbre temporal en sectores estratégicos. Por otro, abre la posibilidad de consolidar ventajas competitivas frente a competidores globales que podrían enfrentar cargas mayores.
Colombia cuenta con un marco institucional robusto, más de 200 años de relación comercial con Estados Unidos y un TLC que ofrece reglas claras, mecanismos de resolución de disputas y seguridad jurídica. En este contexto, el país no parte de cero, sino de una posición de socio estratégico confiable.
El mensaje para los exportadores es de cautela estratégica, no de alarma. Y para el Gobierno, de acción diplomática y técnica inmediata. Si Colombia logra garantizar la exención de la mayor parte de su oferta exportadora y avanzar en sofisticación productiva, este episodio podría convertirse en una oportunidad para reforzar su presencia en el principal mercado del mundo.
En definitiva, más que una amenaza estructural, el nuevo arancel estadounidense representa una prueba de capacidad de gestión. La respuesta coordinada entre Estado y sector privado definirá si Colombia sale fortalecida en esta nueva etapa del comercio bilateral.
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