Una investigación internacional reveló una red de reclutamiento engañoso que habría llevado a centenares de mujeres africanas hasta la República de Tartaristán (Rusia), donde fueron obligadas a trabajar en la fabricación de drones militares.
Engaño bajo apariencia de oportunidad laboral
De acuerdo con la investigación publicada por BBC News, mujeres jóvenes —principalmente de Sudán del Sur, Nigeria y otros países africanos— fueron captadas mediante el programa Yelábuga Start, una iniciativa que prometía empleo y formación profesional en áreas como hotelería, logística y servicios técnicos.
Sin embargo, al llegar a la Zona Económica Especial de Yelábuga, las trabajadoras descubrieron que serían asignadas a fábricas de drones rusos, vinculadas a la producción de armamento como los Shahed 136, utilizados por el ejército ruso en la guerra contra Ucrania.

El testimonio de Adau
Una de las mujeres afectadas, Adau, de 23 años y originaria de Sudán del Sur, contó que se enteró del programa a través de una publicación en redes sociales del Ministerio de Educación de su país.
“Pensé que iba a trabajar en algo técnico, como operadora de grúa torre. Pero el primer día nos llevaron directamente a una fábrica de drones. Había drones por todos lados”, relató.
Según Adau, las participantes no tuvieron opción de elegir su puesto, firmaron acuerdos de confidencialidad y no podían hablar con sus familias sobre lo que realmente hacían.
“Nos mintieron desde el principio. No podía creer que estuviera trabajando en una fábrica de armas”, añadió.
Riesgo y condiciones precarias
Además del engaño laboral, las mujeres habrían trabajado sin la protección adecuada y expuestas a químicos peligrosos. Adau aseguró que, al pintar cubiertas externas de drones, sufrió quemaduras en la piel por la filtración de sustancias tóxicas a través del uniforme.
La situación se agravó cuando, en abril de 2024, la planta de Yelábuga fue blanco de un ataque con drones ucranianos, considerado el más profundo en territorio ruso hasta ese momento.
“El dron impactó el hostal al lado del nuestro. Corrimos por nuestras vidas”, narró Adau, quien logró grabar parte del ataque.
Sueldo reducido y pasaportes retenidos
Las mujeres también denunciaron salarios mucho menores a los prometidos. En lugar de los US$600 mensuales anunciados, algunas recibieron menos de US$100, tras múltiples descuentos por alojamiento, transporte y clases de idioma.
Incluso, tras el ataque, algunas participantes afirmaron que sus pasaportes fueron retenidos temporalmente, lo que les impidió regresar a sus países de origen.
El programa Yelábuga Start negó las acusaciones de explotación, aunque reconoció que algunas empleadas participaron en tareas vinculadas a la producción industrial de drones.
Reacciones internacionales
El caso ha generado indignación y preocupación global. El gobierno de Sudáfrica inició una investigación y advirtió a sus ciudadanas sobre los riesgos de aceptar ofertas laborales en Rusia a través de programas de este tipo.
“En la superficie, parece una oportunidad de crecimiento. En la práctica, es una forma moderna de explotación laboral con fines bélicos”, explicó Spencer Faragasso, investigador del Instituto de Ciencia y Seguridad Internacional.
“No puedo creer que ayudé a construir algo que mata”
Adau finalmente logró regresar a África, pero asegura que la experiencia la marcó profundamente:
“Lloraba todas las noches. No podía creer que estaba contribuyendo a fabricar algo que se cobra tantas vidas”.
El caso sigue bajo investigación internacional, mientras organizaciones humanitarias piden que Rusia y las empresas implicadas rindan cuentas por presuntas violaciones a los derechos humanos y por prácticas de trata laboral transnacional.
