Pekín / Washington, 21 de octubre de 2025. — La tensión entre las dos mayores economías del mundo volvió a escalar luego de que China anunciara nuevas y estrictas restricciones a la exportación de minerales de tierras raras, un recurso clave para la producción tecnológica global.
El Ministerio de Comercio chino publicó hace dos semanas el “Anuncio n.º 62 de 2025”, una medida que sacudió la tregua arancelaria con Estados Unidos y reafirmó el poder de Beijing sobre el suministro mundial de estos minerales estratégicos. Bajo las nuevas normas, las empresas extranjeras deberán obtener la aprobación del gobierno chino para exportar productos que contengan incluso pequeñas cantidades de tierras raras, y además declarar su uso final.
El presidente estadounidense Donald Trump reaccionó con dureza, amenazando con imponer un arancel adicional del 100% a los productos chinos, además de nuevos controles de exportación para software avanzado.
“Esto es China contra el mundo. Han apuntado con una bazuca a las cadenas de suministro globales y no lo vamos a permitir”, declaró Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU.
Beijing respondió asegurando que las nuevas licencias no buscan afectar al comercio internacional, sino “garantizar un uso responsable” de los recursos. “Las solicitudes que cumplan los requisitos y estén destinadas al uso civil serán aprobadas”, afirmó un portavoz del ministerio.
El poder de los minerales que mueven la tecnología
Los minerales de tierras raras son esenciales para fabricar una amplia gama de productos: desde teléfonos inteligentes y paneles solares hasta vehículos eléctricos y aviones de combate. Un solo F-35 estadounidense, por ejemplo, requiere más de 400 kilogramos de estos elementos para sus motores, radares y recubrimientos.
China controla cerca del 70 % del suministro mundial y mantiene una posición dominante en el procesamiento industrial de estos materiales, gracias a décadas de inversión en investigación, tecnología y desarrollo de talento.
“El momento elegido por Beijing altera drásticamente el calendario de negociaciones que deseaba Estados Unidos”, señaló Naoise McDonagh, profesora de negocios internacionales en la Universidad Edith Cowan (Australia).
Los expertos coinciden en que la medida fortalece la posición de China en las próximas conversaciones bilaterales entre Xi Jinping y Donald Trump, previstas para finales de mes.
Una guerra económica que se recrudece
La disputa por las tierras raras llega tras meses de relativa calma comercial. No obstante, las recientes decisiones —incluidas nuevas tasas portuarias mutuas— vuelven a tensar las relaciones entre Washington y Pekín.
Según la investigadora Marina Zhang, de la Universidad Tecnológica de Sídney, China “ha trabajado durante décadas para consolidar su dominio en la cadena de valor de los minerales críticos”, mientras que países como Estados Unidos y Australia “aún están lejos de igualar su capacidad de refinamiento y procesamiento”.
Australia, con grandes reservas naturales, aparece como un posible competidor, pero su infraestructura todavía es limitada y los costos de procesamiento resultan mucho más altos. Zhang estima que “Estados Unidos y sus aliados necesitarían al menos cinco años para alcanzar a China”.
El valor estratégico supera al económico
Aunque las tierras raras representan menos del 0,1 % del PIB de China, su importancia geopolítica es enorme. “El valor económico es pequeño, pero su poder estratégico es inmenso”, explicó Sophia Kalantzakos, de la Universidad de Nueva York.
Los analistas afirman que Beijing está usando esta carta como palanca de negociación, sabiendo que las cadenas de suministro occidentales dependen de su producción.
“Al frenar las exportaciones, China ha encontrado su mejor herramienta inmediata para presionar a Washington y lograr un acuerdo favorable”, opinó Natasha Jha Bhaskar, del grupo consultor Newland Global.
Aun así, Estados Unidos conserva algunas cartas: podría ofrecer reducciones arancelarias o endurecer los controles sobre la exportación de chips y semiconductores, sectores donde China todavía depende de tecnología occidental.
“Las medidas contra la industria tecnológica china pueden frenarla, pero no detenerla completamente”, concluyó McDonagh. “En cambio, si China corta el suministro de tierras raras, podría paralizar la industria de todos. Esa es la gran diferencia”.
