Así vivían los guerrilleros del ELN bombardeados por orden del presidente Petro: un búnker al descubierto

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) no anticipó que el Gobierno del presidente Gustavo Petro autorizaría un ataque aéreo contra uno de sus campamentos estratégicos en Norte de Santander. Tras casi 20 días de planeación, seguimiento e infiltración por parte de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, se ejecutó el primer bombardeo contra esta guerrilla durante la actual administración, dejando al descubierto la forma en que operaban y se resguardaban en plena región del Catatumbo.

El objetivo de la operación era claro: neutralizar o capturar a los integrantes del ELN que se escondían en lo alto de una montaña, desde donde coordinaban acciones criminales que mantenían bajo constante amenaza a comunidades campesinas, indígenas y a la Fuerza Pública.

Un campamento clave del ELN en el Catatumbo

Las investigaciones adelantadas por las autoridades permitieron establecer que este campamento no era un simple punto de descanso. Durante al menos dos semanas, labores de inteligencia confirmaron que desde ese lugar se planificaban secuestros, homicidios, extorsiones y ataques armados, además de acciones dirigidas contra estructuras rivales, en especial el Frente 33 de las disidencias de las Farc.

El sector donde se encontraban los guerrilleros es conocido como Filo Paraco, ubicado en la vereda Angalina, en jurisdicción del municipio de Tibú, una zona estratégica por su difícil acceso y por ser considerada uno de los corredores más importantes para el narcotráfico en el nororiente del país.

El búnker: refugio subterráneo y centro de operaciones

Imágenes reveladas por SEMANA dejaron al descubierto uno de los búnkeres subterráneos que utilizaban los integrantes del ELN para resguardarse de operaciones militares. Estas estructuras eran clave para evadir bombardeos, sobrevuelos y el uso de drones cargados con explosivos, una modalidad cada vez más frecuente en los enfrentamientos entre grupos armados ilegales.

Una fuente que participó directamente en la operación describió la magnitud de estas construcciones clandestinas:
“Uno de los búnkeres tenía entre seis y ocho metros de profundidad, con túneles que permitían desplazarse hasta 20 metros hacia el interior de la montaña”.

Estos refugios no solo ofrecían protección, sino que facilitaban la movilidad subterránea, permitiendo a los guerrilleros escapar rápidamente o reorganizarse ante cualquier incursión de la Fuerza Pública.

Inteligencia, infiltración y ataque aéreo

Las unidades de inteligencia de la Policía Nacional y las Fuerzas Militares trabajaron de manera coordinada para infiltrar el campamento y documentar los movimientos de los guerrilleros, incluso a plena luz del día. El seguimiento permitió confirmar la presencia constante de hombres armados, material de guerra y la realización de reuniones para coordinar acciones violentas.

Con base en esta información, el alto Gobierno autorizó el ataque aéreo, que se ejecutó como parte de una operación selectiva contra objetivos de alto valor estratégico para el ELN.

Balance oficial y cifras en verificación

El balance preliminar entregado por las autoridades indica que siete personas murieron durante el bombardeo y una más fue capturada. Sin embargo, fuentes en Norte de Santander advierten que el número real de víctimas podría ser mayor.

De acuerdo con información en verificación, el número de muertos podría superar las cifras oficiales y los heridos podrían ascender hasta 25 personas, muchos de ellos trasladados a zonas selváticas o cruzando la frontera para evitar atención médica formal.

Hallazgo de material de guerra

Durante la operación también se encontró abundante material de guerra, incluyendo:

  • Fusiles de alta precisión

  • Armas utilizadas por francotiradores

  • Munición de largo alcance

Según las autoridades, este armamento es el mismo con el que el ELN suele atacar a miembros de la Fuerza Pública y disparar contra aeronaves que patrullan la región. El Catatumbo sigue siendo considerado uno de los principales enclaves del narcotráfico, disputado por el ELN, las disidencias de las Farc y estructuras criminales con vínculos transnacionales, incluidas mafias venezolanas.

Alerta por posibles retaliaciones

El golpe militar encendió las alertas en materia de seguridad nacional. Organismos de inteligencia mantienen máxima vigilancia ante la posibilidad de represalias por parte del ELN, especialmente contra población civil, líderes sociales y unidades militares en la región.

El bombardeo marca un punto de quiebre en la política de seguridad del Gobierno frente al ELN y genera un nuevo escenario en medio de los cuestionados y frágiles intentos de diálogo con esta guerrilla.

Mientras tanto, las imágenes del búnker destruido dejan en evidencia el nivel de organización, preparación y poder de fuego con el que operaban los guerrilleros en una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado en Colombia.

MIRAR MÁS NOTICIAS AQUÍ

Shares: