Salir a rumbear ya no es lo mismo: la noche también siente el golpe del alza del salario mínimo

Salir de rumba en Colombia dejó de ser una decisión espontánea. Hoy, antes de elegir discoteca, bar o plan nocturno, muchos jóvenes sacan la calculadora. El aumento del salario mínimo para 2026, sumado a una inflación que, aunque ha cedido, sigue presionando el costo de vida, terminó impactando uno de los sectores más sensibles para el bolsillo: el entretenimiento nocturno y, en particular, el consumo de alcohol.

Botellas más caras, ‘covers’ elevados, transporte costoso y menos promociones son ahora parte del panorama nocturno en las principales ciudades del país. La rumba sigue viva, pero ya no se improvisa.

Darwin Sandoval, quien suele salir todos los fines de semana con sus amigos, lo resume sin rodeos. “Desde hace unos dos años salgo seguido, pero de 2025 a este año el aumento ha sido muy fuerte. Una botella pequeña que antes costaba 40.000 pesos en un bar ahora vale 80.000. En muchos productos el precio prácticamente se duplicó. A eso se le suma el cover, los taxis y el consumo. Hoy, una salida no baja de 200.000 pesos. Ya no es como antes”, asegura.

El salario mínimo subió… y los costos también

Desde el 1 de enero de 2026, el salario mínimo legal mensual quedó en 1.750.905 pesos, con un auxilio de transporte de 249.095 pesos, lo que eleva el ingreso mínimo mensual a cerca de 2 millones de pesos. El incremento, cercano al 23 % frente a 2025, buscaba mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores.

Sin embargo, ese aumento también se trasladó a los costos operativos de sectores intensivos en mano de obra, como bares, discotecas y establecimientos nocturnos. Meseros, bartenders, personal de seguridad, logística y aseo representan hoy un gasto mayor para los empresarios del sector, que terminan ajustando los precios para mantener la operación.

Desde el otro lado del mostrador, Jeimmy Sánchez, trabajadora del Estanco Don Pedro, reconoce que los incrementos existen, aunque intenta matizarlos. “Los precios de los licores y cervezas sí han subido, sobre todo porque los proveedores nos han aumentado los costos. No ha sido algo desbordado, pero se siente. Tratamos de mantener precios competitivos para que los clientes no se vayan”, explica.

Inflación: el telón de fondo de la rumba

El alza del salario mínimo coincidió con un cierre inflacionario que, aunque moderado, sigue afectando el consumo. Según el Dane, 2025 cerró con una inflación anual del 5,1 %. Dentro de la canasta, la división de restaurantes y hoteles —donde se clasifican bares y discotecas— fue una de las que presentó incrementos constantes.

Esto significa que no solo subió el trago. Subió el servicio, el ambiente, la experiencia completa de salir de noche.

El impuesto que se siente en la botella

Otro factor determinante es el impuesto al consumo de licores, un tributo departamental que se calcula según el grado de alcohol y se actualiza anualmente con base en la inflación. En 2026, el reajuste impactó directamente el precio final del licor.

En la práctica, una botella que ya venía encareciéndose por costos logísticos y comerciales termina costando aún más antes de llegar al bar o la discoteca.

¿Por qué en el bar es más caro?

La brecha entre comprar en un estanco y consumir en un establecimiento nocturno es cada vez más evidente. El precio en bares incluye impuestos, nómina, arriendo comercial, seguridad privada, permisos, licencias y operación nocturna.

Fenalco ha advertido que el aumento del salario mínimo golpea especialmente al comercio formal, que debe asumir costos legales que no siempre se compensan con mayores ventas. Por eso, muchos locales optan por subir precios o reducir promociones.

Nuevas formas de rumbear

El resultado es un cambio en los hábitos de consumo. Según Asobares Colombia, aunque la gente sigue saliendo, el consumo es más medido: menos botellas, más tragos individuales y estadías más cortas.

También se volvió común comprar licor antes de salir o elegir días específicos con promociones. La rumba ya no es automática, ahora se planea.

Una noche que ya no se improvisa

El aumento del salario mínimo buscaba mejorar la calidad de vida, pero en el entretenimiento nocturno dejó una paradoja: se gana más en el papel, pero salir cuesta mucho más.

Entre inflación, impuestos y costos operativos, el trago se convirtió en uno de los reflejos más visibles de cómo la economía termina colándose hasta en la pista de baile.

La rumba sigue viva, pero ya no es la misma. En 2026, salir a tomar ya no es solo un plan: es una decisión económica.

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