La adolescente, de 15 años, sufrió quemaduras en el 80 % de su cuerpo y lleva cuatro meses en UCI. Su madre denuncia abandono institucional y lentitud en la justicia.
El testimonio de Johana del Rosario Maya Rebelo conmueve y estremece. Desde hace cuatro meses no se separa de la cama de su hija en una unidad de cuidados intensivos en Cali. Lejos de su hogar, sin ingresos y sin respaldo estatal, acompaña a Sara Yuliana Zambrano Maya, una menor de 15 años que lucha por sobrevivir tras haber sido encerrada, rociada con alcohol y quemada viva en una perfumería clandestina en Pasto.
La tragedia ocurrió el 23 de julio. Ese día, Sara pidió permiso para ir a la casa de un vecino donde funcionaba un negocio informal de perfumes. Quería ganarse 15.000 pesos para comprarle un regalo de cumpleaños a su hermana.
“Ella no iba obligada, era su ilusión poder darle un detalle a su hermanita”, recuerda su madre.
El ataque
Según la versión que la propia Sara alcanzó a relatar, al lugar llegaron cuatro adolescentes —dos hombres y dos mujeres, todos de 16 años—. Sin razón aparente, patearon los recipientes con alcohol, empaparon a Sara y a otra menor presente, Estefanía Cardona, hija de la dueña del establecimiento. Luego les arrojaron fuego con una mechera y cerraron la puerta con rejas, dejándolas atrapadas.
Las niñas ardieron vivas.
Sara gritó pidiendo auxilio, pero las ventanas estaban enrejadas. El humo alertó a los vecinos. Los agresores, que según la madre se reían mientras ellas se quemaban, abrieron la puerta minutos después. Era demasiado tarde.
“Yo la vi bajar las escaleras prendida —relata Johana—. Tenía los brazos, las piernas y la ropa en llamas”.
Estefanía no sobrevivió.
Escena alterada y negligencia
Mientras las menores eran trasladadas al Hospital Departamental de Pasto, Johana denuncia que la dueña de la perfumería mandó a limpiar el lugar antes de la llegada de los bomberos.
“Sacaron químicos, escondieron materiales inflamables. Ese sitio no tenía extintores, ni ventilación, ni ninguna medida de seguridad”, afirma.
La mujer tampoco habría llegado de inmediato al hospital.
Una lucha por vivir
Sara permaneció 17 días entubada en Pasto antes de ser remitida de urgencia a Cali por la gravedad de las quemaduras. Tiene afectado el 80 % de su cuerpo.
Ha sufrido múltiples infecciones, cirugías e injertos de piel. “Ya no tienen de dónde sacarle piel. Ahora piden que sea de la cabeza y tocó poner una tutela porque la EPS no quería autorizarlo”, explica su madre. Sus brazos lograron cicatrizar, pero sus piernas siguen en alto riesgo.
El trauma psicológico también es profundo. “No duerme. Sopla creyendo que apaga fuego. Dice que los jóvenes van a volver a matarla. Vive con miedo”.
Justicia que no llega
Pese a la gravedad de los hechos, no hay capturas. Johana denuncia que la Fiscalía recibió el caso como intento de homicidio, pero luego lo reclasificó como lesiones personales.
Los presuntos responsables fueron retirados del colegio y ahora reciben clases virtuales. “Dicen que son niños, que necesitan acompañamiento psicológico. ¿Qué niño prende fuego a dos niñas y se ríe?”, cuestiona la madre.
La familia de Estefanía, la menor fallecida, no interpuso denuncia, según Johana. El lugar donde ocurrió el incendio fue desalojado, pero el negocio sigue operando en otro punto del centro de Pasto.
Abandono institucional
Johana también señala una profunda indiferencia de las autoridades locales.
“Mi esposo fue a la Alcaldía de Pasto a pedir ayuda. El alcalde solo nos dio 70.000 pesos, dijo que ‘para el pasaje’. Con eso viajamos a Cali. Nunca más nos llamaron”.
Según su relato, la esposa del gobernador de Nariño sí ofreció algún apoyo inicial, pero desde la Alcaldía no han recibido acompañamiento psicológico, jurídico ni económico.
“Nada. Nadie. Estamos solos”.
Un llamado desesperado
Cuatro meses después, Sara sigue hospitalizada. Los médicos le dijeron a su madre que las probabilidades de sobrevivir eran mínimas. Pero resiste.
“Mi hija sigue luchando. Yo solo pido justicia. Que esto no quede en el olvido. Ellos intentaron matarlas”, dice Johana.
Su llamado va dirigido al alcalde de Pasto, al gobernador y al Gobierno nacional. “No quiero que otra niña pase por lo mismo. Nos cambiaron la vida. Estamos destrozados”.
Johana sigue allí, día y noche, cuidando a su hija en una ciudad ajena, sin recursos y con una historia que hasta ahora había permanecido en silencio.
“Mi hija merece justicia. Merece volver a vivir”.
