Al finalizar la Guerra Civil española en 1939, el general Francisco Franco asumió el control absoluto de una España devastada. Convencido de que su victoria militar representaba una oportunidad para que el país recuperara un rol protagónico en el escenario internacional, el régimen impulsó una política exterior centrada en reconstruir vínculos con América Latina bajo la noción de la “Hispanidad”.

Este concepto, motivado por la nostalgia del imperio y el rechazo a la democracia liberal que asociaban con Estados Unidos, se convirtió en uno de los pilares ideológicos del franquismo. Sin embargo, la pretendida “Comunidad Hispánica” nunca se materializó plenamente. La realidad fue una relación desigual y llena de matices entre los países latinoamericanos y la dictadura española.

Cinco décadas después de la muerte de Franco, BBC Mundo revisa cómo fueron esos vínculos, marcados por alianzas estratégicas, tensiones diplomáticas, relaciones inesperadas e incluso apoyos contradictorios.


México: el opositor más firme

México fue el adversario más constante del franquismo. El presidente Lázaro Cárdenas, quien impulsó reformas progresistas similares a las de la Segunda República española, apoyó al gobierno republicano durante la guerra y acogió a miles de exiliados.

Tras el triunfo franquista, México:

  • Rompió relaciones diplomáticas.

  • Nunca reconoció al régimen como legítimo.

  • Se convirtió en sede del gobierno republicano en el exilio.

  • Lideró la propuesta de excluir a España de la recién creada ONU en 1945.

La postura mexicana se mantuvo firme incluso después de Cárdenas, convirtiéndose en la “piedra en el zapato” de Franco hasta la llegada de la democracia en 1975.


Argentina y Perón: un salvavidas en los años más duros

En contraste, Franco encontró en Juan Domingo Perón un aliado clave tras la Segunda Guerra Mundial. Con España sumida en el hambre y excluida del Plan Marshall, Argentina otorgó créditos, envió alimentos y firmó acuerdos comerciales vitales.

El vínculo se consolidó con:

  • El crédito argentino de 350 millones de pesos.

  • El convenio comercial de 1947 que garantizó cereales a España y acero a Argentina.

  • La visita de Eva Perón, que el franquismo utilizó como símbolo de reconocimiento internacional.

Aunque la relación se debilitó años después por problemas económicos en ambos países, la ayuda argentina resultó crucial en los momentos más críticos del régimen.


La Guerra Fría: un giro estratégico que favoreció a Franco

A partir de los años 50, el anticomunismo de Franco se convirtió en un activo útil para Estados Unidos. La Península Ibérica adquirió un valor geopolítico que el régimen supo aprovechar:

  • En 1953 se firmaron los Acuerdos de Madrid, permitiendo bases militares estadounidenses a cambio de apoyo económico.

  • En 1955 España fue admitida en la ONU.

Este reposicionamiento también fortaleció relaciones con gobiernos militares conservadores en América Latina, como los de Rafael Leónidas Trujillo (República Dominicana) y Alfredo Stroessner (Paraguay).


Cuba: la sorprendente cercanía con Fidel Castro

Aunque la revolución cubana de 1959 generó tensiones iniciales —incluida la expulsión del embajador español en 1960—, Franco nunca rompió relaciones con Cuba ni se sumó al embargo estadounidense.

Las razones incluyeron:

  • Intereses económicos históricos entre ambos países.

  • El deseo de España de mantener cierta autonomía frente a EE. UU.

  • Un vínculo simbólico: los padres de Fidel Castro eran gallegos, como Franco, algo que según historiadores influyó en la tolerancia del dictador español.

La relación tuvo un cierre inesperado: tras la muerte de Franco en 1975, Castro decretó varios días de luto oficial en Cuba.


Chile y Allende: una alianza que desafía la lógica ideológica

Una de las historias más sorprendentes es la relación entre el régimen de Franco y el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile.

Mientras EE. UU. analizaba vías para desestabilizar a Allende, España decidió apoyarlo:

  • Defendió a Chile ante acreedores internacionales.

  • Promovió inversiones españolas, como un contrato con Pegaso para fabricar camiones.

  • Otorgó créditos por 40 millones de dólares.

El ministro de Exteriores español, Gregorio López Bravo, argumentaba que presionar a Allende lo empujaría hacia la Unión Soviética; apoyarlo, en cambio, podría mantenerlo moderado y abierto al comercio con Europa.

La cooperación fue tan estrecha que Allende llegó a considerar una visita oficial a Madrid para reunirse con Franco.

El golpe de Estado de 1973 truncó esa posibilidad. Sin embargo, en los días posteriores, ocurrió un último gesto significativo: el embajador español Enrique Pérez Hernández ocultó y evacuó a colaboradores de Allende, entre ellos el español Joan Garcés. Paradójicamente, un antifranquista terminó salvado gracias a un avión de la España franquista.

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