Córdoba: la otra crisis tras las inundaciones

Miles de animales muertos agravan la emergencia sanitaria en zonas rurales de Montería

El primer golpe no es el agua. Es el olor. Espeso, penetrante, agrio. Se impregna en la piel, en la ropa y en el aire mismo, como si la atmósfera estuviera enferma. Así reciben los corregimientos de Berlín y Martinica, en la zona rural de Montería, a quienes llegan después de más de una semana de inundaciones. La tragedia ya no se mide solo en casas sumergidas o en pérdidas materiales: ahora la amenaza es sanitaria. Miles de animales yacen muertos bajo el agua y la descomposición comienza a convertirse en una bomba de tiempo.

En el departamento de Córdoba, el desbordamiento de fuentes hídricas dejó calles convertidas en lagunas y parcelas transformadas en cementerios invisibles. En algunos sectores, el nivel del agua alcanzó hasta cinco metros de altura. Las motocicletas y bicicletas fueron reemplazadas por canoas y lanchas improvisadas. Las familias rescataron lo que pudieron: un colchón empapado, una olla, una silla. El resto quedó bajo el agua, incluyendo el sustento económico de cientos de campesinos.

Animales muertos y riesgo epidemiológico

Cerdos, gallinas, patos, pavos, perros y reses murieron ahogados. Muchos flotan; otros permanecen atrapados bajo el agua estancada. La descomposición avanza en medio del calor y la humedad, elevando el riesgo de infecciones cutáneas, enfermedades gastrointestinales y brotes epidemiológicos.

En Berlín, Emildo Ramos camina por lo que fue su parcela, asignada por la Agencia Nacional de Tierras. No quedó nada. “Lo perdimos absolutamente todo”, afirma con la voz quebrada. Cuando recibió la alerta, el agua ya le llegaba a la cintura. No hubo tiempo para salvar animales ni enseres.

Las autoridades restringieron el ingreso durante los momentos más críticos por riesgo de ahogamiento. Sin embargo, la emergencia no terminó cuando cesó la lluvia. El agua no baja y el olor se intensifica. Empresarios locales y ciudadanos han sido, según los afectados, quienes más han apoyado con mercados y donaciones, mientras la ayuda oficial resulta insuficiente frente a la magnitud del desastre.

Martinica: 800 familias bajo el agua

En Martinica, a 15 minutos del casco urbano de Montería, la situación es aún más compleja. León Naranjo lleva una semana con el agua hasta las rodillas y se niega a abandonar su vivienda por temor a saqueos. “Hay animales podridos por todos lados, peces muertos, perros ahogados. Nunca habíamos visto algo así”, relata.

El estancamiento del agua favorece la proliferación de mosquitos y bacterias. Habitantes reportan fiebre, brotes en la piel y malestar general. Sin brigadas médicas permanentes ni campañas de vacunación masiva, el temor a una emergencia sanitaria crece cada día.

Silvia Edith Álvarez Narváez perdió cinco novillas, su principal capital. “Años de esfuerzo desaparecieron”, dice entre lágrimas. Ahora vive en una carpa improvisada con plásticos donados. Solicita toldillos, repelente y atención médica urgente. “Las aguas están contaminadas. Tenemos miedo de que esto empeore”.

Impacto económico: ganadería en crisis

El golpe no solo es social y sanitario, también es productivo. El director de Fenalco en Córdoba, Luis Martínez García, aseguró que más de 2.500 reses se han perdido en el departamento y que el 80 % de los municipios presenta algún nivel de inundación.

La economía local, fuertemente agrícola y ganadera, enfrenta una recuperación estimada entre cuatro y seis meses, siempre que las condiciones climáticas mejoren. La pérdida masiva de animales representa no solo la reducción de inventarios productivos, sino también la disminución del ingreso familiar en zonas donde el ganado funciona como ahorro y respaldo financiero.

Más de 40.000 familias afectadas

Según líderes sociales, al menos 40.000 familias están damnificadas en distintas zonas del departamento. En Martinica, se calcula que 800 hogares permanecen bajo el agua. Muchas familias optan por no trasladarse a albergues oficiales por miedo a saqueos, lo que complica la entrega de ayuda humanitaria organizada.

Ruth Carrasquilla, líder social de Montería, denuncia que la tragedia pudo mitigarse. Afirma que los canales de drenaje llevan más de 17 años sin mantenimiento adecuado, lo que habría agravado el impacto del desbordamiento.

Mientras tanto, las comunidades sobreviven con mercados esporádicos y ollas comunitarias. La incertidumbre crece con cada nube oscura que aparece en el cielo.

Una emergencia que no termina

La emergencia en Córdoba dejó al menos cinco personas fallecidas, miles de hectáreas productivas afectadas y una amenaza latente de crisis epidemiológica. El agua estancada continúa acelerando la descomposición de animales y aumentando la carga bacteriana en el ambiente.

Expertos advierten que, sin intervención sanitaria urgente —recolección y disposición adecuada de cadáveres animales, fumigación, suministro de agua potable y atención médica inmediata— la situación podría escalar en las próximas semanas.

En Berlín y Martinica, la súplica es la misma: que no vuelva a llover. Pero también que la ayuda llegue antes de que el olor, el agua contaminada y el abandono conviertan la tragedia natural en una crisis de salud pública de mayores proporciones.

La otra crisis de Córdoba ya no está solo bajo el agua. Está en el aire que se respira.

MIRAR MÁS NOTICIAS AQUÍ

Shares: